Mostrando entradas con la etiqueta Cocina económica en azul.... Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cocina económica en azul.... Mostrar todas las entradas

sábado, 25 de octubre de 2008

Transtornos bipolares, rueda de la fortuna y hoy me toca estar abajo...


Siempre he dicho que de los males, el menor. Que de lo perdido, lo que aparezca. Que hay veces que nada el pato y hay veces que ni agua bebe. Hoy, que me encuentro si bien no confundida por lo menos sí a la sombra de todo lo que he podido conseguir al día (y a la noche), quiero hacerles saber, a mis dos lectores más que consentidos y de alto abolengo emocional por parte de esta que hoy escribe, que francamente me siento de la real chingada. Es decir, así es esta enfermedad, una visita incómoda a la que desde luego no se puede ignorar, pero tal vez sí ponerle un sitio desde donde pueda esconderse (por lo menos de rato en rato) y entonces se sepa que ahí está, que es inevitable recibirla... Pero que ni le daremos toda la atención, ni le soportaremos más de lo debido. Es decir, pásate mi depre, sé que ya llegaste, me lo dice el cuerpo y el sueño y el acomodo de mis desengaños, pero ni por un segundo se te ocurra pensar que gobernarás la comarca de mis decisiones y darás un sorpresivo golpe de estado a mi no renovable instinto de supervivencia. Que ya he dicho que esta vida es sólo mía y no de la tristeza ni de la melancolía. Así que como dice Adrián Camacho: Ni te olvido si te quedas, ni te extraño si te vas...

Estoy pues, en descontento. Por lo menos sé que de aquí a mi cumpleaños voy a adelgazar unos cuántos kilos, cosa que ya de por sí es para celebrar. Treinta y un años. Y confieso que he vivido, así como alguna vez lo dijo Neruda y muy seguramente debió decirlo alguien más. Expectante, enamorada, ya no más a la defensiva ni a la ofensiva; quizá y en todo caso, al frente de mi vida, esperando de cada día una razón más para vivir el siguiente. Sin optimismos forzados ni desgarres ingratos en mi hipotálamo, que nos encontramos muy bien desde la isla de nuestra (in) seguridad. Abrazando y abrasando. Al sur de mis suspiros y siempre alerta para que cuando llegue el mal tiempo, mi refugio se encuentre lleno de emociones y sorpresas bienaventuradas. Porque de las tales es el reino de los turquesas.

Así pues, sólo intento escabullirme momentáneamente del lado sin corazón que tiene mi corazón. Ya vendrán los días en que mi palabra renazca como fénix y entonces, el azul grite todo a color...

domingo, 5 de octubre de 2008

Agh, domingo....!


Y luego de siete días, chíngale, vuelve a amanecer domingo. Raro, raro, raro. Sueños de oropel, que van desde el vestido soñado hasta larvas en una toalla afelpada azul cobalto.


Y pongo a Dios como testigo que no estaba drogada.


Un fin de semana cómicomágicomusical. El viernes salida con la Babas a su escuela, quecas de Tere, llamada de mi Tenampa freudiano, películas. Sábado de compras (pura comida, francamente), películas y más películas. Pláticas y querencias. Encuentros explicables, venganzas pasionales oníricas, deslumbramientos amorosos.


Se me acaban los cigarros. Voy por unos Marlboro rojos a la tienda de doña Chuy, quien me dice que fumar es nocivo para la salud. Pienso en qué chinga debe ser aprenderse la información de cada producto que ofrece su negocio y estoy al punto de cuestionarle sobre qué químicos trae la salsa chamoy que está tragándose junto con sus chicharrones, cuando me doy media vuelta y decido regresarme en chinga para llegar a escribir estas pendejadas.


Una semana de rundidez. Por una parte, el ya no saber a mi mejor amigo. Entender que perdí, pero todo el que pierde termina ganando aunque sea espacio, que no vacío. Falta, muy falta de dinero, pero ya caerá. Mejoras emocionales, mejoras en el pie izquierdo, a lo Daniel Day Lewis y por fin, la reconciliación cada día conmigo y el apapachamiento sonoro que me hace abrir los ojos al día siguiente.


Por cierto, descubrí un programa de radio espatirifláutico, conducido por dos amigos de mi amor kafkiano y ahora, ya por lo menos la locutora, amiga mía, doña Alberta. La dirección es: http://beegosradio.listen2myradio.com/ y su horario es a las veintidós horas, de lunes a viernes. Neta, escúchenlo.


Uhm... a ver, le rasco y le rasco pero en general no hay mucho por decir. Compréndanme, mis apreciables, memorables y casi nunca inalterables dos lectores consentidaxos: los domingos, ni los manatís cheleamos.


Aún cuando yo quiera seguir y seguir con esta verborrea, quiero escribir, pero ni espuma sale.


Mejor me voy cuando todavía quede algo de dignidad (ejem... no, en realidad no me queda nada, cosa que francamente me viene valiendo madres) y me dirijo a ustedes mañana, lunes de luna, donde todo empieza y hay cualquier, oh sí que sí, cualquier posibilidad.

viernes, 5 de septiembre de 2008

The Truth About Cats & Dogs




"Correcto: El rechazo te mata... La desilusión sólo te deja lisiada".
Abby Barnes


No, si yo lo sé, chingao... Para qué tiento al destino diciendo viva la armonía si ya sé que en cuanto pronuncie esas palabras imperdonables me va a caer el chahuistle encima. Todo era felicidad en mi jueves de Júpiter, salí a cafetear cual ya es costumbre con dos de mis amigas, regresamos a una hora decente de la noche y en cuanto entro a casa, muy a pesar de haber tomado sólo café descafeínado... Me llega el fantasma del insomnio tipo no-tengo-inspiración-así-que-no-escribiré-nada-y-en-la-tele-hay-pura-porquería. Ok, entro a MSN. Para mi sorpresa, de mis tantos contactos, ni uno solo conectado. Me relleva.


Después de unas largas, largas horas papando moscas en la web, decido ver qué pendejadas ofrece el canal 615. Y ya me habían hablado de ella: más de cuatro personas me decían que debía ver esa película completa, que era yo y mis inseguridades, que cómo no me llamé Abby, que blablabla... Pero como sigo insistiendo en que mi complejo es el de Bridget Jones, pues no pelaba la movie... Hasta que llegó la hora chacualona en que los astros se alínean para que me dé tinta que oh sí, aparezco que ni pintada en la cinta The truth about cats & dogs: la historia de una locutora que enamora a un tipo por su manera de pensar, por su buen ánimo y su sarcasmo, pero que cada que se mira al espejo entiende que, por lo menos para ella, no se hizo el adjetivo hermosa. Cualquier parecido con mi secreta realidad es mera coincidencia...


Una vez terminada la película, francamente, yo quería volver a verla. No sólo quedé fascinada con la historia, también con el personaje de Janeane Garofalo, que interpreta a la susodicha Abby. Ok, estoy segura que no es la mejor película que he visto y también sé perfectamente que para ustedes, mis dos lectores de sololoy, puede ser más currrrrrrsi que la idea de Fey cantando la rola de Abuelito dime tú de Heidi. Pero me gustó la frase que puse al principio y nomás por eso decidí que sería bueno escribir sobre los perros y los gatos, hombres y mujeres, y el extraño complejo que tengo de Cyrano de Bergerac. El final estuvo del cocol, tampoco me creo el "Y vivieron felices para siempre", especialmente cuando supongo que una estadística bastante considerable de terrícolas preferiría pasar la vida en una isla desierta con una de las tres novias de Hugh Hefner (o con las tres si es posible), a pasarla con, no sé, digamos... Virginia Woolf. Pero no se sientan especiales, oh féminas, que también tienen lo suyo: Un millón de veces estar con Tom Cruise (en versión heterosexual) a pasar el día discutiendo con alguien que tiene pinta de Woody Allen.


Ok, que tampoco se diga que me creo la más pinche fea del mundo (sí me lo creo) ni que he arrastrado hasta aquí mis ganas de autoflagelación tan sólo porque ando menstruando. Sólo intento decir que ahora cuando la web te ofrece un mundo al alcance de tu pantalla, pues eso, que resulta chido ver letras pero a la hora con quince ya pediste mínimo una foto. Ok, ya me perdí, es que amanecí de malas porque no he dormido ni dos horas seguidas.


El caso es que me gustó, el caso es que valió la pena mi desvelo tan sólo por el simple hecho de vomitar todo mi sarcasmo desde mi cama y mirando una historia que no me parece del todo tan ficticia. Salvo el final, que ya aclaré.


Así que como dijera conocido charro mexicano: Con esta me despido por el día de hoy, que promete ser venusino pero para mí sólo es un viernes con la ilusión de que el día se logre pintar aunque sea un poquito de color turquesa.






martes, 26 de agosto de 2008

Entre esperas y esperanzas...


"Nunca es triste la verdad: lo que no tiene es remedio". Dice (y dice bien) Joan Manuel Serrat en conocida canción. Y aún cuando no tengo la menor intención de hacer este escrito persiguiendo o cuestionando el tema de la verdad, que cada quien tiene la suya, muy suyita y si ustedes, mis dos lectores consentidos, no se cuestionan la mía, ¿quién me creo yo para cuestionar la del resto de mortales que deambulan entre la fauna sideral?

Mi realidad se compone, de momento, de una silla de ruedas; producto bastante ingrato de un accidente acaecido hace un mes donde me destrocé, una vez más, el pie izquierdo (¿por qué siempre el izquierdo? Debe ser mi tendencia...). Luego una enfermedad (sí, otra) y después ver cómo amanece sin prisas, sin pausas y como más me gusta: con frío y neblina, pero con todas las ganas de que las nubes se hagan de algodón apachurrable y el sol apenas se muestre sin arrogancia, que ya lo sabemos astro rey. Dicho esto, me doy cuenta que las Mañanitas tienen razón: Ya los pajarillos cantan... Aunque la luna, para ser francos, no se ha ido del todo: como que quiere terminar de ver la función.

Ahora pues, disfruto con lo que tengo. Quizá no lo que quiero, pero en definitiva y de rotunda forma, sí lo que necesito, que para ser francos, se parece mucho.

Amo, por ejemplo, el saber que estoy tranquila y que respiro nítida y suavemente porque aquí se han manifestado cada uno de mis amigos. Que me han colmado de buena vibra, de regalos, de palabras y de amor del bueno como siempre, sin hacer falta que yo esté por el momento detenida en cama o bien corriendo por la vida con esa felicidad que me da sentirme maravillada. Y aclaro que no en el doctorado únetealosoptimistas, sino el deseo ferviente de amanecer un poco más plena, de anochecer un poco más completa. Amo las sonrisas inesperadas de Selene, que me consiente y me encamina a ser mejor porque no podría tener una hija más perfecta: inteligente, testaruda, tierna hasta el empalague y sonriente así haya tormenta.

Amo, también por ejemplo, el brillo en mis ojos cada vez que alguien me dice lo bien que me ha caído la vida. Quizá entonces, medito mientras sonrío, cada circunstancia es la oportunidad única e irrepetible de estallar y recomenzar en cualquier segundo que se nos ocurra. Amo la risa que provoco si digo una estupidez, el llanto al ver una película por dura o cursi que sea, la nostalgia de añorar lo que nunca existió, parafraseando a Sabina. Pero es muy probable que ame, por sobre todas las cosas, la buena fe que le tengo al porvenir. Si espero o no, eso es problema mío. Simplemente no espero en una banca, sentada, tejiendo y destejiendo... Espero desde un lugar muy remoto, lleno de luz, de oscuridad, de entendimiento y también de ignorancia, pero sin detenerme más de la cuenta. Los paisajes los llevo en mi maleta y la idea de continuar es quizá, instinto de supervivencia. A mí me gusta pensar que es porque sí, estoy enmedio de la esperanza para que no se me rompa la piel con el granizo malévolo de la desesperación.

lunes, 11 de agosto de 2008

Y sin sabor


Te parecías tanto a él. Quizá no tenías los ojos de miel que herían y congelaban, pero sí la mirada diáfana de quien encuentra el atardecer antes de descubrir cómo amanece. Hablabas así, como si la palabra te hubiera elegido y entonces ya no sabía si eras más un hipnotista o era yo la que decidía perderse entre cada frase que cobijaba, arriesgaba, aliviaba y por último, mutiló.


Y exactamente no alcanzo a comprender lo que pasó. Igual no se trata de comprender ni de arrancarse noche a noche los instantes para que ya las sábanas se queden quietas y el sueño entre a desdibujarte. Es que eras tan probable, eras tangible, eras a colores. Fuiste.


Sola. Sin cuenta atrás, sin objetivo a la vista. Con neblina y desprotegida para que la tormenta inunde, convenga y limpie certeramente el campo. Expulsándote de mi cosecha y sin permiso de vuelta. Que el derecho de admisión queda absolutamente restringido.


¿Cuál dolor, cuál temor, cuál adiós?

martes, 15 de julio de 2008

Diatriba de amor contra el amor por si alguna vez aparece (O de cómo me robé el inicio del título de un libro de García Márquez)



Aquí hace menos frío que en la calle
hay leña para un fuego,
no mucha pero bueno
un poco de calor no viene mal.

Aquí hay una canción que nos descansa
un hueco para el alma,
sentirse como en casa,
un alto en el camino nada más

Pasa, entra, y siente que hay quien duda como tú
y no se descubre en nada nada
de las cosas que ha escuchado y desespera.
Pasa, entra, y siente que hay quien duda como tú
pero se abraza a lo que tiene
y se levanta con la fuerza que le queda.

Pasa, entra, y siente que hay quien duda como tú
pero no tiene más canción que la que sabe y la cantó
y si no la sabe... tararea.
Pedro Guerra


Se supone que ya había escrito como emulando los manuscritos del Mar Muerto. Por karma o mejor dicho un acto pendejo de mi parte, se me borró tooooodo lo escrito y tómala, que se guarda. Es decir, se guardó esta puta página en blanco. Hoy, que amanecí con la ternura andando (es que sí hice mi ejercicio reiki que consiste en caminar descalza en un parque para estar a tono con la naturaleza. De entrada, una chinga porque llovió durante la noche y como que mucho pasto no había, así que más que caminar fue patinar por el lodo, y en segundo lugar, esperar que no se me infectaran los pies con "la naturaleza" de nuestra jungla asfáltica). Debo reconocer que me ayudó, y mucho. Ayer me dieron la noticia -que para mí ya no es noticia- de que estoy más enferma de lo que los doctores y yo creíamos, pero como soy escrupulosamente necia, estúpidamente terca y encabronadamente jodona, decidí que me iba a sentir bien, con tan buena fortuna que lo conseguí. Llego a clase de reiki, salgo de ahí convencida que no hay pruebas ni castigos sino circunstancias y enseñanzas, le llamo a mi amigo Rulis, mi hermano del alma que no de sangre, y nos quedamos en ver ya muy noche. Una dama no debe estar en el depa nuevo de un caballero durante la noche. Pero como yo no soy una dama, y como Rulis primero deja de leer a Ítalo Calvino antes que intentar seducirme, nos la pasamos hablando y riendo, llorando y creyendo. Mientras yo fumaba él me contaba de Victoria, la mujer que ama.


Ahí se me ocurrió el título de esta entrada. Aunque a decir verdad, no sabía ni puta madre cómo iniciar este escrito. Es como si a un cantautor se le ocurriera primero el título de la canción. Chale.


He dicho te amo desde el alma dos veces. No diré nombres: secreto de profesión. Las dos por convicción y con harto miedo. La primera porque era la primera, y la segunda, evidentemente, porque ya llevaba dos que tres raspones en mi hipotálamo así que mientras él me pedía sin muchas ganas que no lo dijera lo solté y la presión se me bajó mucho más allá de la planta de los pies. Debo decir que valió la pena y que si de algo tengo, o debo estar arrepentida, fue que sin importar los millones de veces que lo dije, nunca fueron suficientes. No en su momento.


Creo que fue en la segunda vez donde descubrí aterrorizada la fobia que me aqueja de amar, de que me rechacen y del abandono. Pero bueno, la única manera de vencer a los monstruos es conocerlos y tuve que hacerles frente. Llevo dos de tres: aprendí a soltar. ¿Enamorada? Uff, me enamoro todos los días y creo que de eso vivo. ¿Querer? Sólo unos cuantos. Muchos menos de los que pueden pensar mis dos lectores consentidísimos. Entendí que querer es un juego donde la única persona que sabe que juega eres tú, que el ser querido puede querer jugar, quizá ni siquiera sabe que está jugando o simplemente no le interesa. Es lo de menos. A mí me llena querer. Ahora viajo sola y aún cuando de vez en cuando la nostalgia me asalta y mi venia inmunda de Bridget Jones llega y se instala plácidamente en mi sillón, decido que me queda mucho por conocer y que cuando al fin llegue quien tenga que llegar, hallará un cuento quizá no tan bien narrado como Sherezada, pero lleno de sorpresas y de esperanzas que lo mantendrá a mi lado hasta que sea tiempo de comprarnos dos mecedoras y de preguntarnos cómo empezó toda esta vaina de reconocernos.


He dicho muchas veces que el amor apesta. Y lo digo con fe de la legalidad del hecho que me trae a esta palabra. Que a veces se da sus lujos y huele bastante bien. No sé cómo será su olor de quien yo ame esta vez. Su sabor, su color, si será como un bosque en día lluvioso, o como el mar con luna menguante, o como una noche citadina donde sales a comer castañas al Zócalo. Yo sólo pido, a diferencia de Oliverio Girondo que exigía que supieran volar, una cosa que se divide en tres: que sea carne, alma, y que sea amor.


¿Cómo saberlo? Supongo que si lo supiera yo no estaría escribiendo estas pendejadas. De momento, me estoy poniendo fomentos de agua con sal por unos hematomas emocionales recién paridos. Nada de cuidado si se toma en cuenta el viejo refrán de "Si te va a tocar aunque te quites, si no te toca, aunque te pongas". Así que puedo decir que en dos días, perfeccioné el buen hábito de soltar, aprendí a esperar sin sentarme a tejer sino decidida a vivir.


De hecho, ni siquiera es una diatriba. Creí al principio que podría ser una verborrea acerca de las relaciones emocionales pero luego me di cuenta que no, que con el permiso de mis dos lectores, me estaba hablando a mí, y al final también a él. Ni a la ofensiva ni a la defensiva. Tal vez juez y parte, víctima jamás, que el complejo Dolores del Río no es para mí.


Así que Amor, con mayúscula inicial porque supongo que tendrás nombre propio y hasta apellidos: Sé que encontrarte es más difícil que la Alquimia y que uno puede ir por la vida en aprendizaje forzoso y hasta con lecciones especiales. Pero despreocúpate, que en mi caso no hay prisa, la puerta está cerrada, pero las ventanas abiertas y creo que sabes dónde está el timbre. Pero si no lo sabes, es bastante visible. Y como dice Pedro Guerra, "...Pasa, entra, no importa lo que fue pero será lo que será y alguna forma encontrarás para pasar por esa puerta...". Un día nos veremos, y ya te contaré cómo me fue.

miércoles, 2 de julio de 2008

Y un poco amargadita...

Sí, está visto que no me debí volver fan de Bridget Jones nunca en mi vida. Me vale madres. Con una sobredosis de hoynomepuedolevantar que llevo desde el lunes, y dispensen mis dos adorados lectores pero es que la rundición es mucha, me dispongo a vomitar en donde me sea posible -es decir, aquí- todo el yeyo que me incomoda porque mis amigos ya tienen los problemas suficientes para que yo les llame con mis garrapatas energéticas. Además, una, que hace reiki, toma anti depresivos, va a yoga, meditación y cree en la energía del universo y la luz del mundo, tiene mucho derecho a sentirse de vez en cuando de la chingada.

Treinta años. Casi treinta y uno. Reinventándose cada día con la firme esperanza de que cuando llegue el sueño sea autojustificable la respiración del tiempo que permaneció despierta. Sabe lo que es morir del alma y oh sí, que el cuerpo siga funcionando aunque el corazón sea sólo una parte incómoda que lata sin importancia. De pronto y sin previo aviso, vuelven las mariposas en el estómago (en realidad lo mío son vampiros que se mueven a la velocidad de un colibrí, qué más da). Con fobias irremediables, como embonar en otros labios y que un día sin motivo ni por qué la boca ajena desaparezca y entonces haya que empezar a tejer con un poco de dolor la colcha de retazos los recuerdos para la vejez, que no es otra cosa que el seguro de vida contra la mala memoria: Nada peor que llegar a viejo (a la edad que se tenga) y olvidarnos de todo.

Caminando por el gusto de seguir. Sarcástica, porque es el mejor escudo contra la desilusión, aún cuando la ilusión sea una cosa que me venga guanga. ¿Lo ven? Este es el mejor ejemplo del sarcasmo. Evaporándome de vez en cuando y en todos los estados, menos el sólido que se me complica mucho, quizá porque la seguridad se me complica bastante. ¿Qué chingados tiene que ver Bridget con todo esto? Bueno, de entrada, porque llevo dos días viéndola. Algunas veces he soñado con alguien, es más, tres veces. Tiene cara, de hecho. Y de hecho no lo van a creer, pero diré uno de mis secretos más cursis y más antiguos. Cuando iba en secundaria, soñé una feria, en un pueblo. Yo caminaba rápido, porque una estrella se había caído y había que tomarla enseguida. Pero del otro lado también alguien se acercaba, así que corrí. Y él también. Llegamos los dos juntos. Y la estrella era tan pequeña, pero tan pequeña, que cupo en el dedo índice de la mano izquierda de cada uno. Fue la primera vez que lo pude ver. La segunda vez... Bueno, fue muchos años después, igual que la tercera. Desde entonces, no ha vuelto a aparecer, a pesar de las noches que me he pasado invocándolo y pidiéndole ayuda. No me preocupa no encontrarlo, me aterra la idea de que exista y peor todavía, el hecho de que un día yo logre reconocerlo.

Dirán que estoy drogada. No. De hecho llevo la dosis exacta de Sertralina y Topamax. El Rivotril aún no me toca. Sólo sé que sentirme como me siento es muy humano, que se puede ser infeliz y descansar dos días mitigando el dolor entre tus sábanas para que entonces surjan las palabras y dejes volar las mariposas hasta donde alcance tu imaginación. Así como sé, que puedes ser feliz viendo tres películas mientras tomas chela y haces piojito y luego te vas a dormir aunque no duermas. Tienes planes laborales y aunque no se concreten sabes, porque algo te lo dice, que naciste para eso, que no hay pruebas, sólo circunstancias. Tienes amigos que te aman y ahí están, abrazándote, escribiéndote, sacándote de tu holgazanería. Y el mayor ejemplo de que no hay castigos, simplemente enseñanzas.

Así que ahora, después de este vómito verbal, deseo que cada uno tenga una noche feliz e infeliz, realista y soñadora, sumisa por convicción más independiente por opinión... Ah chingá, ¿quién dijo eso? Ok, simplemente, tengan la noche como mejor les plazca. Pero a fin de cuentas y después de todo, siempre existe la posibilidad de alejarse un poco del cuadro para admirar bien la obra.

Y aunque no me lo pregunten... Sí, tal vez algún día volveré a ver El diario de Bridget Jones. Pero por este año creo que fue suficiente. Como este escrito. Regresaré cuando tenga que regresar... ¡Ah, claro! Un feliz aniversario para el matrimonio Fox Sahagún. ¿No me invitan a su rancho? Digo, para hablar de sus proyectos inconclusos sobre la cultura. Es que ¿saben? lo de la macro biblioteca me tiene un poco inquieta...

martes, 24 de junio de 2008

Y esta va por ti, mata'or!!!


Alguna vez escuché decir una gran frase a mi buena amiga Julia: "Silencio... La tierra ha perdido un árbol" En realidad no sé si era de ella o de alguien reconocido. Qué más da. Y de hecho la apliqué hace exactamente un año, cuando a las cinco cuarenta de la mañana sonó mi teléfono para escuchar la voz de mi mejor amiga, o lo que de ella quedaba, diciéndome que Toño, mi amigo, mi ex jefe, el que me convenció de tener a mi hija, el que me escuchaba cada vez que yo pasaba por una etapa difícil de mi enfermedad porque él tenía la misma, el amante de Sabines, de García Lorca, había muerto después de cuatro días en coma.


Me parece que una parte de Mónica, mi mejor amiga, también murió ese día. Los dos se amaban desde muchos años antes. De esos amores lúcidos, pasionales, que no sabe de dosis sino de excesos. Algunas veces me reprocho con una sonrisa cínica haberle mostrado el camino de Sabina porque jamás lo abandonó: "Lo bueno de los años es que curan heridas, lo malo de los besos es que crean adicción...".


Decir lo que era José Antonio Martínez García sería agotador. El mejor de los padres, un amigo que daba lo que tenía y jamás temía decir lo que necesitaba. Un hombre con miedos y quizá, el que más chistes me ha contado en toda mi vida. Podríamos estar en desacuerdo con infinidad de cosas (por ejemplo en política) pero las hacía a un lado para tener mejor vista de lo que comulgábamos. Abogado de profesión y torero por convicción. No, nunca fui a verlo torear. La primera vez que me invitó le dije lo que le digo a quien le gusta la fiesta brava: A mí los toros sólo me gustan en bisteces. No volvió a insistir.


Ahora, si mis queridos dos lectores no se molestan, quiero decirle algo a Toño, algo un poco íntimo y aclarar el por qué no estoy allá en donde está su cuerpo.


Toñete:


Mónica va para allá. Quizá debió haber llegado. Creo que le hace mucha falta llorar y también a mí, aunque sabrás que en estos días particularmente te he extrañado mucho. Pero iba con sus amigas y pues... pues no me sentiría muy cómoda. Ya ves cómo soy de mamona. Elegí tu cenicero de Marlboro, una foto vestido de torero y otra donde sales fumando (me costó mucho trabajo encontrar una donde no salieras cerca de un toro, pero al fin saliste y estabas con Gerardo y Toñín, además fumando, que era lo que mejor hacías cada vez que le dábamos al chisme). También me traje la vela de vainilla que te regalé hace como ocho años y que tenías todavía en tu escritorio ¿recuerdas? Incluso, entre tus papeles, habías guardado el mensajito que te puse porque ese día no estabas y te la dejé.


Después de tu partida sólo aguanté unos meses. García & Ortega no volvió a ser lo mismo sin ti. Mi mamá también te extraña, ayer me dijo que tú habías hablado con ella de mí sólo que no me quiso decir qué. El caso es que es raro, porque yo sé que es absolutamente cierto que la gente sólo se va cuando la olvidas. Pero qué hay de añorarte, de necesitar escuchar tu voz para decirme "hija", para enmedio del llanto moqueador salirme con un chiste en el que termine riéndome como imbécil.


Moriste en domingo, como deben morir los toreros. Yo seguí mi rumbo y sí, en verdad, algunas veces he dedicado mucho tiempo a pensarte. Y aquí estás, junto a mi computadora, viendo hacia no sé donde en tu foto, vestido de torero y con la vela de vainilla encendida. Deberías descansar un poco. Inténtalo, Toño. Desde aquí muchos trabajamos para que las cosas estén mejor.


Te quiero mucho. Y por favor, a tu manera, habla con Mónica. Dile que viva, que resurja, que se levante y ande. Un consejo tuyo valía muchísimo. Y ya me voy, porque Selene tiene tarea. Que buenos cielos te cobijen.

lunes, 9 de junio de 2008

De ausencias... Y de regresos.


Vulnerable. Experimentada. Turquesa, aunque de vez en cuando, en todas las variantes del azul. Volví. Tal vez un poco más receptiva, igual un poco más iluminada. Temerosa como siempre, y bien dispuesta a la próxima vez que tenga que marcharme para demostrarme que la vida, ya lo dijo alguien, no es un problema para ser resuelto sino un misterio para ser vivido.

Ni tan sola. Con recuerdos que me dejan un sabor de boca agradable. Con preguntas que me acechan si en realidad lo mío será la soledad sonora o la sordomuda. Con la bien merecida esperanza de que tengo el derecho -y el izquierdo, claro está- a decretar que por muy vacía que esté la cama, un día no necesitaré convocar a los fantasmas y entonces la respiración de alguien será tan presente que vibraré en plena madrugada por saberme lista para medir su palpitación. Ya llegará el tiempo, que es circunstancial.

Un tanto enferma. De lo de siempre, que me indica, sin cuestionamientos lamentables, una cosa única, irrefutable y majestuosa: sigo viva. Con planes personales y grupales. Sin sollozos y sólo inhalaciones y exhalaciones por la nariz para que no se me vaya la energía por la boca, como dicta el precepto de la yoga. Que de los labios sólo espero dar y recibir algún beso. Besos de agua, besos de chela, besos de palabras, besos de silencio y besos a distancia. ¿Cuánta cantidad de besos puede haber que aún ignoramos? Sí, todavía lo ignoro...

Aprendiendo y aprendiendo, aunque los gerundios sigan sin convencerme todavía. Es mentira, me encantan. Quizá, un día, logre comunicar lo que en verdad quiero decir y mande de una vez y por todas, mi perceptible fobia de rechazo a la chingada. Si a fin de cuentas, lo peor que puede pasar es que digan que no. De hecho, a eso es a lo que le tengo fobia. Carajo.

Con algunas noches afortunadas que me curan lo que soy y lo que tengo, donde llegan las hadas piadosas y me traen pócimas de anhelos, alineando mi energía y dejando mi locura más certera que nunca. Entonces como Lázaro, despierto, sueño y ando. Las demás son sólo noches, lo que no significa que sean insignificantes. Siempre hay algo que hace que valga la pena. Los grillos, por ejemplo.

Así que, mis dos lectores consentidos por ser únicos. Lo que es más; por ser los únicos: Aquí estoy. Tan devota de las letras como siempre, tan pendejísimamente aletargada como siempre y tan exageradamente loca que a veces corro el riesgo de pasar inadvertida y parecer cuerda. Con los pies en la tierra y el alma en el cielo. Con el corazón en el limbo y la razón... en algún frasco de formol para que hicieran con ella lo que mejor les pareciese. Así que sólo vine a decir que ni tan sola, ni tan ausente.



lunes, 4 de febrero de 2008

Dieta de la luna (jugo de toronja pa' que adelgace la angustia)


Aquí estoy, mis dos lectores más que queridos, añorados. Aunque con tanta ausencia mucho me temo que ahora sólo me quede, con algo de suerte, un solo lector perdido en la inmensidad de la red. Pues volví, porque como Quetzalcóatl, prometí regresar... aunque claro, a diferencia de la serpiente emplumada yo sí cumplo y pos aquí estamos, dándole a la palabra que resguarda de los ventarrones ojetes de la cotidianidad.
Durante dos semanas fui una desempleada con un micro negocio consistente en hacer morrales. Por ahí del 21 de diciembre renuncié a mi antiguo y por mucho pero mucho tiempo querido trabajo donde todo lo que tenía que hacer era poner mi modesta presencia para que me pagaran eso sí, una madre de sueldo pero a fin de cuentas pos andábamos tranquilas. Pasando las fiestas navideñas (porque yo sí soy bien anti Grinch y a mí SÍ me gusta disfrutar las noches decembrinas) me puse a buscar trabajo. ¿Adivinen qué? A pesar de vivir en el Distrito Federal, lo encontré luego luego. Total, que ahora estoy dándole duro en una Notaría Pública y francamente me encuentro como al borde de la bipolaridad... No, esperen, bipolar ya soy. Quiero decir que la parte que más disfruto de mi trabajo es el día de paga, pero por desgracia este día sólo sucede dos veces al mes y en tanto, yo tengo que acostumbrarme a trabajar como obrera taiwanesa (enchingaenchingaenchinga) y a tener más pinche presión que una olla express con válvula descompuesta. La paga es buena, pero la prostitución es mucha. Me intentaré explicar, porque francamente ni yo me entiendo:
Claro que estoy agradecidísima con la posibilidad de un nuevo empleo, que ya quisieran un montón de personas, ¿no? Pero no me veo trabajando los próximos veinticinco años de mi vida haciendo testamentos, ratificaciones, constituciones de sociedad, cancelaciones de hipoteca y todo ese embrollo que son las leyes. Chingao, neta que pareciera que es un delito intentar dedicarse a lo que tenga que ver con el arte. O trabajas de lo que sea, o no tragas. Así que he decidido quedarme donde estoy nomás porque no me gusta la presión familiar pero mientras, decirme con todas mis fuerzas y con todas las ganas, que yo soy lo que decida ser y soy mucho pero mucho más que una capturista de información legal.
En fin, enamorada, destilando sueños, inhalando sin dificultad el olor de mi Pechocho que sigue y sigue, echándome porras, descubriéndome el mundo con ojos ya sin dolor y sí en cambio con muchas pero muchas ganas de empezar cada día para que nunca se nos apague la capacidad de sorprendernos.
Ahora pues, voy a tener que dormir. Porque mi vida es, momentáneamente, la de una mujer lúcida que se despierta a las seis para entrar a una oficina antes de las ocho. Pero juro sobre la tumba de mi depresión, que podré ser lúcida durante algún tiempo, pero normal... Eso jamás.
Así que a darle duro, golpe a golpe y verso a verso para seguir descarrilándome en cada luna que aparezca a todo lujo en las noches donde el Pechocho se convierte en oasis poblano.
Uy, creo que ya di muchas noticias. Pero ahora sí no me voy por mucho tiempo, palabra de bipolar!!!

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Desayuno continental (Qué bonito es lo bonito, chingao!)


Veamos, veamos... Citando a don Amado Nervo, quiero escribir pero me sale espuma... Con qué empezamos? Bueno, pues esta semana ha sido como surrealista, atípica, linda, tranquila, extraña...


Despierto o mejor dicho, abro los ojos como a eso de las once. Quiero decir, si me dormí a las cinco de la mañana no está tan mal. Un café para iniciar la mañana, porque simplemente no concibo la vida sin café, un cuernito rico riquísimo y a navegar en el limbo del día. Ah sí, mi gata se dio a la fuga. Viridiana es un animalito ojete, caguengue pero que ya se ganó un lugar en la minúscula familia que habita mi casa y pues la extrañamos. Hay quien dice que se largó con su noviogato y un día de estos regresará, eso sí, para convertirme en abuela. Sigamos con la esperanza.


La casa de Albanta va que vuela para convertirse en el refugio mexicano de Santa Claus: arbolitos con esferas por aquí, luces por allá, flores de nochebuena en todos los rincones, muñecos navideños, chale. No, en realidad sólo un año me sentí Grinch y no quise poner pero ni un foquito, ahora, ya reconciliada con la vida, me gusta la idea de hacerle a la Seles una burbuja llena de magia para que sepa alguna vez, que si ser adulto es un asunto medio difícil, el recuerdo de su niñez la hará continuar enmedio de cualquier tempestad. Así que desde hace siete años Santa, Los Reyes, el ratón de los dientes y todos los seres fantásticos en los que yo también un día creí se aparecen constantemente por aquí.


Ah claro, de lo más importante que habría que comentar: un mes de estar con el Pechocho!!! Wow (bueno, GUAU, como decimos nosotros) ha sido como soñar y soñar y seguir soñando. En la madrugada hablamos de un montón de cosas si bien no difíciles por lo menos sí un poquitín densas, y en verdad me dio como el pretexto perfecto para admirarlo y desde luego quererlo mucho, muchísimo más.


Ya decía yo que algo me hace falta, voy por un cigarro.


Listo. Bueno, pues continuemos. Tampoco es que quiera hacer una lista interminable de todo lo que ha pasado en el año, porque este me dio millones de cosas, cierto que me quitó otras pero a mí me parece que con el propósito de conservar un equilibrio. Quiero decir, mi mejor amigo salió del hospital por fin, está junto a mí, mi mejor amiga devastada por la muerte de quien fue el amor de su vida pero sigue, y eso es ya de por sí una oportunidad para que un buen día logre creer que hay vida después de la vida, aún cuando no sea la propia.


¿Y Albanta? Pues rodeada de la gente que ama, cobijada por lo que es y lo que quiere, siguiendo la palabra como único recurso para respirar. Aprendiendo sin detenerse y no pocas veces descansando al filo de la luna, soñando a ojos abiertos y ya purificada después de la crucifixión.


(A lo lejos, suena Fobia: Transformaremos mundos, inventaremos mares que cruzar, si nos perdemos nada pasará... Ahora lo entiendo, amar es liberar... Eres sangre tibia y yo me siento vivo... Ah, qué retechula canción).


Bueno, ha llegado la hora chacualona en que tengo que correr para meterme a bañar, arreglarme o por lo menos hacer el intento y por supuesto, salir corriendo a la oficina.


Y Pechocho de mi corazón, parafraseando a los Maná (ni pex, de vez en cuando me da por invocar a quien no me gusta): Bendita sea tu luz. Te quiero.

jueves, 6 de diciembre de 2007

Papapapaletas!!!




Pocas veces disfruto de las paletas. Raro, porque me encanta saborearlas, pero de repente me entra una desesperación marca yomiyomiyomi y entonces las muerdo rápido, rápido, para llegar al centro y descubrir que el chicle es el engaño más ruin de la alimentación: se mastica y se mastica pero ni llena, ni protege de la caries como anuncian los comerciales, ni le cambia a uno el sabor de cebolla, café o cigarro.


Hoy me mandaron a pagar la tarjeta de mi jefe. Me cae que sólo de una gasta en un mes lo que yo gano en dos años. Pero bueno, no importa. Compré una paleta picosita con capas y capas y más capas de dulces de colores que disfruté en el pejebús. Escuchaba Aguas de marzo con Ellis Regina, tarareaba y masticaba, masticaba y tarareaba. La luna no se asomaba pero el frío es rico. Diciembre es un mes que siempre valdrá la pena para cerrar con broche de oro aún cuando el año haya sido escabroso. Qué más da, si se tiene aún la fe de enero.


Por qué traigo a colación los dulces, se preguntarán mis dos lectores consentidos de la vida y del amor, no lo sé. Es jueves de Júpiter, son las veintitrés horas con dieciséis minuticos y mi pechocho no aparece por ninguna parte. Bueno, para él es temprano, su ausencia empieza a hacerse más notoria cuando pasan de las doce de la noche y nada que inicia sesión o marca al celular. Yo estoy viendo un capítulo repetido de Grey's y no tengo ni puta idea de cómo quedaron los PUMAS en el fútbol. Aunque a mí no me encanta ver un partido, en realidad. Pero el orgullo es el orgullo y deseo con tutti mi corazón que mi equipo azul y oro ganen... A ver, vamos a checar el resultado... Veamos, veamos...


Pues marcador final, 0-0. Chale.


Bueno, equis con mi comentario. A ver cómo pinta el domingo.


Resulta que el pechocho ha venido a visitarme y ni un saludito mentador me ha puesto, ¿creerán? Es genial su voz. Tiene un tono así como los chocolates que venden en Sanborn's en forma de tortuga que tiene nueces enterísimas y están cubiertos, evidentemente, por chocolate pero semi amargo, así, riquísimo. Y luego sus ojitos, ¿no? Una cosa bonita, como gomita de azúcar con sabor anís. Ah, qué cosa tan chida.


Sí, no necesitan decirme: soy una cursi cuando me gusta alguien así. Así, quiero decir, como tenía mucho que no me sentía... ¿Cómo se llama cuando no se puede dejar de sonreír, cuando se disfrutan los sueños, los desvelos, las palabras, los silencios, el cielo y la tierra y toda criatura viva que antes no tenía el encanto de ahora? Ah sí: felicidad.


domingo, 2 de diciembre de 2007

Pechocho!!! (Y postre para dos)


En realidad sé que son un montón de cosas de las que tengo que hablar. Podría empezar, como ejemplo, partiendo del hecho de que ya tengo 30 años. Que llegó mi cumpleaños y se fue probablemente dejándome más enseñanzas de las que ahora alcanzo a percibir, pero que seguramente iré descubriendo como diría Machado; golpe a golpe, verso a verso.


Llega el día de mi cumpleaños y me sorprende no diría yo que enamorada, porque eso ya de por sí es todo un pretexto para apestar la situación. Pongámoslo de esta manera: esperanzada.


Descubrí que puedo soñar, subir, bajar, correr y seguir sintiendo porque de eso estamos hechos, pura vida.


Mientras tanto, prometí al pechocho unas letras y ahora, cumpliendo tres semanas de saberlo, vengo aquí a saldar deudas. Así que a mis dos lectores consentidos, pido permiso porque me voy a aventar una carta con destinatario, faltaba más.


A quien corresponda (que Pechocho, sabemos que te corresponde a ti):


Es vibrar, esperar, caminar, probar, besar, acariciar, soñar. Compartir por gusto y quererte porque es más que inevitable. Son las mariposas en el estómago. Escuchar tu voz y descubrir que detrás de ella escondes un ser maravilloso, con luz, magia, sueños, colores, formas, y todos los etcéteras que falten.
Es agradecerte por la primera llamada, las dos canciones, las risas, los juegos, suspiros, enojos, mensajes, abrazos. Has convertido las madrugadas en un asunto de dos.
Te quiero mucho, en todas sus formas y de todos los modos.
Soy una empalagosa. Ash.
En fin, mejor sigamos escribiendo porque ya me puse más chípil. Ok, continuemos con lo que sigue y sigue y sigue.
Eres maravilloso, corazón de sololoy!!!

miércoles, 7 de noviembre de 2007

GIS (Y ensalada rusa como entrada)


Habrán de disculparme pero hoy francamente no ha sido mi día. Decidí de puro necia que soy, que tenía dos opciones, la primera, tomarme una buena dosis de Rivotril y tirarme en mi cama muy en calidad de ballena que espera la llegada de Green Peace, o bien, rememorar viejos tiempos y vamos, que eso fue lo que decidí hacer.

Así que hasta aquí, esta noche de frío marca ojete, que llegué relativamente temprano de la oficina, he llamado a uno que otro recuerdo para descubrir que después de todo, hay que sacar la colcha de retazos de la memoria y cobijarnos un poquito para estos tiempos en que el invierno amenaza pero con todo y uno debe guarecerse de la desolación.
Conocí a GIS a los dieciséis años. Vamos, que GIS no es su nombre pero sí sus iniciales, y no se trata de quemarlo entre el público inteligente y conocedor. Traía la Jornada bajo el brazo y una mirada más bien tirándole a lo perdida, como quien no sabe qué chingados hacía en una escuela de niñas. Lo miré y supe inmediatamente que ese hombre, de quedarse más de cinco minutos delante mío, cambiaría mi vida.
No me equivoqué.
Treinta minutos después, se presentó en la clase como el nuevo maestro de Lectura y Redacción. Él tenía treinta y cuatro años, dos hijos, diez años de casado y una esposa que para aumentar el dramatismo de mi adolescencia, era la hija de nuestra directora, mejor conocida en el bajo mundo del alumnado como la Pasita.
Cuando dijo su nombre completo nosotros pensamos que había estornudado. Pero no, resultó que su abuelo era de origen ruso. Ahí debí imaginarme que mi vida amorosa iba a estar compuesta por puro corazón internacional, porque ha habido de todo, como en botica: españoles, cubanos, libaneses y hasta un japonés noporausentemenospresenteenmisafanesporrecordar.
Lo primero que le llamó la atención de mí, según me dijo años después y ya harto de tanta insistencia, fue mi tendencia a dramatizar las cosas y ponerle el toque exacto de sarcasmo para que cualquier historia contada de mis labios o mi pluma tuviera una mezcla exótica entre Las Tragedias de Esquilo y una mala novela (¿pues cuál es buena?) de Corín Tellado. Así que a fin de cuentas el acuerdo fue tácito aunque no muy implícito: yo no jodería su vida pidiéndole cosas que él no pretendía arriesgar, y a cambio él me proporcionaría hojas y hojas para redactar las noches desoladas en las que yo, una puberta virginal y tirándole a la ñoñez, soñaría por el puro gusto de saber que ya no podía entender mi respiración si no era desde la tinta y el papel. Bueno, ahora es desde una computadora pero es porque ya me modernicé.
En la escuela yo tenía muchas amigas, a las que nombré como si de logia secreta se tratara, Chimoltrufias: Érika Susana, Érika a secas, Chester, Letty, Michelle, Mónica, Rosalinda, la Ozono (que le puse así porque cada vez tenía el hoyo más grande. Disculpen mi peladez pero la susodicha en cuestión tenía una moral... digamos... bastante negociable). Bueno, pues que mis niñas se divirtieron con mi historia de una manera casi conmovedora. Se sentían parte de la última novela de Televisa.
GIS y yo pasamos un año mirándonos, escribiéndonos notas en los trabajos escolares, saliendo a tomar un café en grupo, hasta que tocó el turno de que saliera de esa escuela infame, porque ya le iba a emigrar a la UNAM. Durante más de tres años las cosas no cambiaron demasiado. El romanticismo pendejo en su máximo esplendor y las ganas de nunca irme de ese shalalalalá que la vida me brindaba. No, no le hacía daño a nadie: entre nosotros no había nada que no fuera pura ilusión.
En mi época ceceachera le presenté a mis amigas, así que un buen día en que festejábamos mi cumpleaños número 20, tuvieron a bien hacerme un guateque sorpresa en casa de la Chispina. Y bien, pues GIS se dio tiempo para ir a felicitarme, para bailar conmigo una rola de Bronco (Dios, hasta dónde fui capaz...), y por si esto no me bastara, al acompañarlo a tomar su taxi, me dio un beso. El que había estado esperando más de tres años.
Por supuesto que aquí no pondré toda la historia. Para hacerlo, tendría que describir todo lo que el pobre hombre tuvo que pasar a mi lado. Con dieciséis años, mi vida se sincronizaba casi perfectamente en hacerle panchos, escribirle cartas, mandarlo al carajo, llorar por su amor y mentarle la madre. Lo normal en una niña de dieciséis, ¿no les parece?
Después entré a la Universidad, en Filosofía y Letras. Evidentemente, mi vida dio un giro bastante radicalón que ya se venía como gestando desde mi paso por el CCH Azcapotzalco. Lo mío lo mío, era aprender, saborear un libro como si estuviera hambrienta de la palabra, absorber cada gota que mis maestros me mostraron como manzana de la tentación, sucumbir ante la maravilla de la literatura y decidir con alevosía perderme en el manantial de los escritores hispánicos. Además de darme un tacote de ojo con los niños tan encabronadamente guapos que había en mi salón, todo hay que decirlo.
Entonces, como canción arjonera, se nos murió el amor, le faltó fiebre de frío, se nos cayó de la cama cuando lo empujó el hastío... Y bueno, pues al principio tuve que echarme por ejemplo, salir con él muy, pero muy, pero MUY de vez en cuando, ir a tomar un café sentados básicamente en la última mesa del último rincón de algún restaurante para que no nos cacharan, y si esto fuera poco, soportarle los celos otélicos y el hecho de que yo ya empezaba a fumar emulando una chimenea de fábrica y eso a él, mis dos lectores adorados, era algo que básicamente le cagaba.
Y nuestra seudo relación realmente no iba para ningún lado. Quiero decir, ¿con veinte años yo iba a pretender pasarme la vida esperando que el don de treinta y siete decidiera que lo suyo era vivir a mi lado? Eso por una parte, pero fundamentalmente creo que ninguno de los dos planeaba hacer algo más que estar juntos cuando se nos diera la gana. Apareció en mi vida el buen Dogie, nos enamoramos como jóvenes extasiados (bueno, éramos jóvenes extasiados) y hubo de cortar lo que teníamos.
Pero no se piense que las cosas quedaron ahí. No señor. Me llamó por teléfono cuando supo que tuve a mi hija, cuando sabía que yo era feliz y me asumía como una mujer realizada, cuando las cosas con mi mareado empezaron a fallar, cuando me enteré de su infidelidad y cuando decidimos separarnos. Y un día apareció.
Tomamos un café en casa. Recordamos aquellos días en los que nos queríamos harto y hablamos sobre su autor favorito, Óscar Wilde, sus regalos que me dio en toda la historia en común (que sólo fueron dos, un cassette de Sabina y una pluma), juramos que siempre nos uniría aquél fragmento de El principito donde la zorra (que no era la Ozono) le pidió que lo domesticara, y nos despedimos con un abrazo muy, muy fuerte y muy, muy largo. Porque sabíamos quizá, que realmente esta era la verdadera despedida.
O quizá no tanto. Después de todo, ahora está aquí, si no de forma corpórea definitivamente sí como una luz bien fuerte que toma mi mano, me dice suavecito y al oído que no debo preocuparme, porque esta sensación de tristeza será algo pasajero y ya vendrá el tiempo en su velo de olvido que amaina todos los dolores, como dice Fernando Delgadillo (al que por cierto se parece un chingo), me da un beso pequeñín y después me ha dejado escribir toooooooda esta historia con la única intención de que yo celebre un pedacito de vida con la palabra.
Y en su honor, esta canción que me hizo llorar durante muchísimo tiempo. Más o menos, de los dieciséis a los veinte, que a esa edad realmente representa toda una vida. Va por ti, GIS!




miércoles, 31 de octubre de 2007

Ton's qué... ¿no me da mi calaverita? (de azúcar)


Ya es miércoles 31 de octubre. Según decía mamá Pita, los niños "entran" a las doce de la noche, es decir dentro de una hora con dieciocho minutos (supongo que los niños ya se acostumbraron al horario de verano). Los grandes, bueno, los adultos, quiero decir, estarán visitándonos a partir de las cero horas del próximo 2 de noviembre.


Como podrán ver mis dos lectores consentidazos... ejem... bueno, mis dos ÚNICOS lectores (uno no puede sentirse famosa porque en esta vida todo se compone de estadísticas, chale), pues no tengo un tema determinado de conversación para esta noche. De entrada, porque quería meter una onda así como de terror, pero lo único que encontré en youtube fue un video de la cantante ecuatoriana Amapolita, y en realidad no es por menospreciar, porque terror sí que se siente al escucharla, ¿no? Pero básicamente no era lo que andaba yo buscando.


Bueno, y pues aquella cosa de la que tantas ganas había hablado... desde Cuba para México... no ha terminado de cuajar. De hecho, no cuajará.


Así duele menos...


A quién trato de engañar, duele un chingo. Pero bueno, como diría mi escritora de cabecera (que soy yo), así es la peste del amor...


Estoy rundida, qué quieren que haga. Me siento chípil, triste, encab... nada, absorta, sentimetal, como dirían los Moderatto...


Ok, cambié mucho los tres últimos párrafos. Es que lo del cubano terminó.


Punto. Finito. Tan tán. Y qué...


Y citando a mi citadísimo Popceransky, "Juro que no vuelves a escuchar mi voz, no importa que estalle todo mi interior, aunque yo no entienda ya esta situación, esta historia acaba porque nunca comenzó...".


Por hoy es todo. Francamente, no estoy de ánimos pa' seguir echando chal.


Adivinaron, yo digo que chale.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Bebidas!!! (Mojito y margarita)


Ya 26 de octubre. Viernes de venus. Y el recuento del año pues todavía no alcanza a vislumbrarse en lontananza (lontananza me suena como a longaniza, pero es intrascendente). Es que uno, cuando de pronto la vida nos hace presa de movimientos licántropos en el estómago, pues no queda más remedio que aguantar vara y decidirnos entonces para volar sin miramientos.


Incluso, a pesar de conocida fábula sobre Ícaro.


Ok, aterricemos. Estoy enamorada. Muy enamorada. Estúpidamente enamorada, aunque desde luego, no en anteriores niveles de deforestación emocional. No, no. Eso por fortuna ya quedó atrás, como una imagen inhóspita de la que es preferible ni siquiera remembrar.


Entonces llega el Oceransky y empieza con su tarareo pasional a decirme saboreando el son:


"Y él todo lo aclaró
desde que me conoció
'fingiremos que los dos nos queremos'
para pasarla mejor...

Pero mi corazón
aquello no escuchó
y se quedó con él
sin permiso del amor

Que no fue hasta mi tierra
que descubrí que con el cubanito,
se quedó..."
Ah qué retebonita canción. Yo continúo con mis engolosinamientos mientras me doy el chance de seguir y seguir hablando de él. Bueno, no diré exactamente de quién, mi estilo no es precisamente balconear a nadie con nombre y apellido, santo y seña, pelos y señales, Viruta y Capulina... (ok, el último ejemplo estuvo muy requetependejo).


Y pues yo en chinga buscando canciones lindas, que hablen del amor pero no tanto amor, de ilusión pero no demasiada ilusión, de esperanza pero... exacto, ya entendieron mi concepto... no tanta esperanza.


Digamos que sólo la necesaria para sobrellevar la vida y decir que por fin, el sábado, reclamé sentimientos y con los sentidos que me quedan después de tanto Rivotril y Topiramato, he decidido alzar el vuelo y perderme entre sus ojos (ah, qué retebonitos ojos tiene), entre su boca (y con eso de que ni besa bien), entre sus palabras...


Bueno, yaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa porque esta tetez de corazón me tiene aniquilada.


Pero también quería tener los pies en la tierra, cómo no, y ustedes ya saben cómo es esto de suspirar y medir el estado emocional por el estómago (a mayor cantidad de mariposas, zancudos y murciélagos en el interior, pos aumenta el índice de peligro, ¿no les parece?).


Entonces escucho (raro) al Edgar Popceransky, que por primera vez viene a instalarse sin dolencia para decirme que se puede creer, qué chingados, si lo que verdaderamente importa es lo que salga de aquí para allá y no tanto si rebota o no... Eso lo veremos con el tiempo.


Te abrí las puertas de mi corazón un día
cuando la magia del destino apareció
mientras el fuego de tu cuerpo me envolvía
con el amor.


Toqué tu mano y descubrí que era el momento
de darte todo lo que siempre quise dar
sobre tus alas me llevaste al firmamento
y pude volar... pude volar

Y nos quedamos juntos acortando la distancia
y pronunciamos miles de te quieros sin hablar
y me dormí en tus brazos sin temor a la nostalgia
pidiendo que la noche no se fuera a terminar

Te abrí las puertas de mi corazón un día
y tu llegada puso paz a mi interior
se transformó la soledad en alegría
y vino el amor... vino el amor

Y nos quedamos juntos acortando la distancia
y pronunciamos miles de te quieros sin hablar
y me dormí en tus brazos sin temor a la nostalgia
pidiendo que la noche no se fuera a terminar
pidiendo que lo nuestro se volviera realidad...



¿Así o más shalalalalá?

Ash!!!

domingo, 14 de octubre de 2007

Semillas de girasol (Nada de lunes rundidor, señores!)

Digo, si no quiero cosas rundidoras pues es evidente que hago mal en escuchar a Edgar Oceransky o al buen Abel Velázquez, pero yo digo que-qué-chingados-le-voy-a-hacer. Así que me fleto rola conocida como La tempestad y nada, que entre mi revolución hormonal y mi estado subyacente de hipófisis mal dimensionada, estoy francamente de la real chingada.
Es que, mis dos lectores queridos, sucede que en el blog de spacelive tengo hartas visitas, pero aquí nomás vengo yo y las moscas. Probablemente sea por eso que aquí, francamente, me siento como en casa. Es decir, si quiero, me puedo echar un eructo y qué y qué, al fin sólo yo voy a saberlo. Pero en spacelive no señor, ahí llevo 12,900 visitantes que eso sí, no dejan un puto comentario de si les pareció cosa amable mis escritos o francamente debería dedicarme a la tapicería, pero pos las casi 13,000 visitas ahí están, llegando solitas como en tropel de búfalos. Y aquí, que desbordo emociones y sentimientos, además de mi conocida sabiduría para francamente hablar del tema de la nada con una pasión absorta, pues... pues... no hay nadie que me lea.
Y qué y qué si ni me importa.
¿En qué estaba? Ah sí, en que me siento más bien de la fregada. En domingo no es nada nuevo, pero caray, ya van cincuenta y un minutos del lunes (y como diría Delgadillo, con sesenta segundotes irán cincuenta y dos...). O sea, mi casa está como si hubiera sido bombardeada, lavé 22 kilos de ropa (es en serio, tenía 22 kilos de ropa sucia, chale), y justo en el momento en que yo creí (oh ilusa de mí) que ya el día se había salvado, estoy tendiendo mi ropa interior en la azotehuela cuando Jorge, mi pequeño vecino incómodo de 18 años de edad se asoma y dice con voz más bien tirándole a la burla: "Veroooooooooooooooo tu tendedero se cayooooooooooó...". Sí, no fue un buen comienzo de semana.
Me queda un solo cigarro. ¿Por qué? Porque no se me dio la gana ir por cigarros a la tiendita de la esquina, yo pensaba que habría más en mi cajetilla de emergencias. Bueno, es claro que la debo renovar, porque la utilizo ya como si fuera del diario.
Ash.
Una de la madrugada. Me vale: hoy no lavo los trastes. Mañana será otro día y entonces el sol, la luna, los arcanos y todas las dimensiones de la constelación me indicarán si primero debo barrer, trapear o lavar los vidrios que ya están bastante cochinones. Por hoy sólo tenía ganas de hacer en este escrito, como bien se dará cuenta el apreciable lector, un departamento de quejas porque... pues porque sí. Punto. Finito. Tan tán.
Ah sí, lo olvidaba. Pitufo Filósofo volvió. Volvimos. Ajá...
¿Notan mi enamoramiento?
Así están las cosas en Albantalandia. Hay días en que uno debería permanecer en coma por el puro gusto de no saberse.
Yo digo que chale!!!

miércoles, 10 de octubre de 2007

Dogie!!! (Y un brindis por los viejos tiempos)

Despatarrando al tiempo
salpicado de nostalgia
Luna busca una virtud
escribiendo en el sillón
carcomiendo una esperanza...
Edgar Ruciles, Cáscara de luna.


Conocí a Dogie hace once años, el día de mi cumpleaños. Sacbé, el colectivo estudiantil donde trabajaba (y me divertía enormemente) me preparó una súper fiesta sorpresa. Ya lo había visto antes: tenía un talento bruto para la guitarra y sabía interpretar de una forma bárbara una canción que me encantaba, creo que se llamaba "Mala vida". Entonces él se formó aproximadamente cinco ocasiones para felicitarme por mis diecinueve primaveras.

Dos años después, el nueve de octubre, nos hicimos novios.

Y si lo traigo a colación (sí, con confites y canelones) no es tampoco para quemarlo entre el apreciable séquito de admiradoras que el joven debe tener. Sino para agradecerle por primera vez públicamente, cinco años de esperanza, sonrisas, sorpresas, llanto moqueador, canciones sabrosas, guateques improvisados, conciertos privados, enseñanzas inconclusas y muchísimos sueños desbordados que hizo junto con esta luna que entonces era una niña bastante crédula con lo relacionado a la felicidad. Ahora sé que si fallamos no fue por culpa ni del desamor ni de la ignominia, sino que simplemente hay quienes no nacieron para estar juntos, como tú y yo.

En este momento en que ya mi vida respira y suspira (sin sollozos, usté tranquilo) pues sí, también te recordé ayer y ya nueve años, ¿no? Como dice Arjona, quién diría...

En todo caso, nuevamente gracias. Por las canciones, los regaños, los engaños, las cosas morrocotudamente campechanas que tuvimos y la distancia. Por nuestra hija, Nicole. Prueba superada, Rosas.

P.D.- Y los planes que te conté siguen, sólo que no me voy a Cuernavaca, nos quedamos en el DeFe.


Y si no han escuchado al buen Ruciles, aquí les dejo el link con la página de este cantautor, porque luego me reclamaba que no le hacía promoción...

http://www.myspace.com/ruciles

martes, 18 de septiembre de 2007

Cerezas mediterráneas (encima del capuccino)




Y entonces me viene a la mente aquella canción de los Carrión: "Que las cerezas están maduras eso lo sé...".

Chale, si lo que utilizo para recordar las rolas insulsas lo empleara en algo más importante como la física cuántica...

El caso es que este martes ha amanecido con gozo y abrumadora dosis de ser feliz. Ni yo me reconozco. Será que el invierno toca la puerta, que este clima es maravilloso y que yo estoy como Matute el de Don Gato interpretando "Esta canción la canto yo, todo el día...". O será simplemente que he dejado partir la rundidora dosis de nostalgia y ya no pretendo exponerme a los abrumadores rayos UV de la desolación.

El punto es que estamos contentas.

Amanece y es martes. De entrada toca Dr. House en la noche, y ese es un buen motivo para sobrellevar la carga de los días que faltan para el viernes.

Ayer por la noche se dijeron cosas lindas vía telefónica y ese es el pretexto perfecto para esperar el fin de semana con ganas de festejar y brindar por estar vivos.

Escucho a Bebe mientras fumo un cigarro y todavía presiento en mi estómago el mega capuccino rompope que me tomé hace unos minutos.

Nada, que soy insoportable cuando me siento bien.

Estamos contentas. Ash!

lunes, 17 de septiembre de 2007

Anda la osa!!! (De gomita)

Una semana y nada que escribo. No es mi culpa, es que mi computadora viene y va de sus achaques permanentemente leeeeeeeeeeeennnnnnnnnnnnta.

Le cayó un virus el miércoles y no podía iniciar sesión...
Le cayó cerveza el sábado y que me quedo sin teclado...
Le cayó Slim hoy y que me dejan sin internet...

¿Qué ha pasado con mi vida? Se estarán preguntando mis dos lectores en alta estima. Bueno, prácticamente nada y sin embargo un montón. Ahora sí me voy a descoser porque no me da miedo que alguien me lea.

(Lero lero)

Bueno, el pex es que no sé cómo empezar... Ok, ¿alguno de ustedes... (de ustedes dos, quiero decir) han conocido la voz de alguien y se ha sentido estúpidamente enamorado (no hay otra forma de enamoramiento) hacia alguien que los hace reír, pensar, sentir así como vampiros en la hipófisis, dormirse con su nombre entre los labios y despertarse con la sensación de que hoy síquesí, el mundo amaneció un poco más amable?

Su mutis me hace pensar que no. Y lejos de creerme original, me siento más bien ñoña.

Bueno, pues resulta que me está pasando.

¿Ven? Nunca es bueno decir que septiembre es un mes aburrido...

Total que no sé si lo encontré, me encontró o nos dimos de bruces básicamente al mismo tiempo. Y me encanta su sentido de la vida, la forma tan anti romántica en la que mira el destino y sin embargo, que siempre tiene como diría Silvio la palabra precisa y la sonrisa perfecta. Qué les digo, el hombre es sensacional.

Ahora, el pero...

Pero es que se va.

Sí, lo sé, si una relación prometedora no tiene mis niveles acostumbrados de complejidad, me hago a un lado.

¿Por qué no puedo ser una niña normal? Ash...

Bueno, el caso es que mientras dure, puedo asomarme desde mi pequeño respirador a mirar las postales que me ofrece la vida, que dicho sea de paso, no son pocas. Cito algunas nomás por ocio, ya ven cómo soy:

El viernes fui a casa de la Babas a comer un poxolazo y estuvo de AHNOMÁ.

El sábado hubo un buen guateque en casa de desconocida escritora (o sea yo) y para ser la primera pachanga en tres años, estuvo morrocotudamente bien.

Ayer estuve sola, haciendo limpieza (con lo que me encanta) y por primera vez en mucho tiempo no, no señor, no me rundí a pesar de que contra mi voluntad fue domingo (de hecho, fue domingo todo el día).

Y bueno, pues básicamente me la he pasado hablando de él con familiares, amigos, conocidos y dos o tres Testigos de Jehová que pasaron religiosamente a regalarme La Atalaya.

Espero que esta vez no apestemos el asunto, Albanta...

En fin, sólo quería dejar constancia de que sigo viva. Sí, en verdad me siento viva.