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viernes, 16 de julio de 2010

Inventario...


"La lluvia es una cosa

que sin duda sucede en el pasado"

Álvaro Mutis


La casa está limpia. Tampoco digamos que impecable, pero presentable ya es un decir. Tengo un perro que amo con pasión tlaxcalteca y una gata que, si bien se aparece cada que tiene hambre y cuando le parece una obligación avisar que aún existe. Tengo peces de mi marido, que aunque suyos, también los considero parte de mi cotidianidad y de vez en cuando me entretengo dándoles de comer y muy especialmente, cuando voy a comprarlos junto con Sergio al mercado de Morelos: entre plecus, peces gato, discos, japoneses, flowers, óscares y de premio un taco (bueno, dos tacos) de mixiotes de carnero con harta salsa, limones y nopalitos. Tengo una hija que de vez en cuando se queda a mi lado y empieza su inmaculada pre adolescencia… Sin comentarios. Tengo unos padres que adoro y una computadora que duró dos meses en silencio por falta de internet. Una televisión sin cable y acabo de ver la película Sex & the City 2. Un celular casi pagado en su totalidad, aunque no hay crédito, y un adeudo de CFE por $2,195.00 La gran ventaja, señoras y señores, es que tengo luz.

Y como diría el poeta: Afuera hace tiempo. Y frío.

Hay cosas que no tengo. Algunas son importantes, como el trabajo, las ganas de escribir, libros nuevos y de vez en cuando sé que me haría muy bien un poco de autoestima. No tengo ropa, porque mis treinta y tantos años, mis hormonas y mi boca se han dado a la tarea de hacerme engordar como anoréxica en recuperación (demasiada recuperación diría yo) y nada, que apenas me queda un pantalón, tres blusas, dos vestidos… Bueno, en realidad sólo uno porque el otro se rompió inevitablemente. Ah, lo olvidaba: no tengo gas, lo cual no es un problema porque puedo subirme a bañar y aunque es incómodo, por lo menos el agua calientita reconforta. Ya lo dijo aquél sabio: La dicha es mucha en la ducha.

De momento, tengo cigarros, tal vez por eso puedo suspirar sin sentirme nerviosa. Son las 3:26 A.M. el hombre con el que duermo noche a noche y verso a verso está viendo una serie, pero no pienso ir a dormir sin él. Porque eso sí, no me importa carecer de nada si al término del día tengo una cama y un hombre que me abraza al principio, se da la vuelta cuando concilia el sueño y vuelve a buscar mi cuerpo cuando está a punto de despertar. Incluso, ni siquiera me importaría prescindir de la cama.

jueves, 21 de enero de 2010

Gracias, Bardo!!!




Un gran amigo, de esos que deveritas-deveritas lo son, que conozco desde hace 21 añotes y además se da el lujo de ser mi doctor -gratuito- de cabecera, puso los tacos en la mesa el día de ayer para celebrar -es un decir- su regreso a México, después de la experiencia haitiana. No, no se quejo de que había para comer una lata de atún y una botella de agua al día, tampoco de los desastres que vivió y ni siquiera se jacta de haberle entrado duro y tupido a la ayuda que México llevo.

Pero yo, lectores adora-dos y adorables, quiero decir que me siento orgullosa de un hombre que además de dedicarse a llevar y traer órganos (no musicales, ok?) en el país, de no cobrarle a la gente y sin embargo no vivir en la mas absoluta de las miserias, ni económicas ni espirituales, que sin necesidad de que su nombre se conozca, ha hecho que para esta que hoy escribe, francamente, sea todo un héroe. Porque no cuenta su experiencia, ni la de las personas que sufren, sino la de esos héroes anónimos, las ganas de los rescatistas por ayudar, la felicidad de ver a alguien con vida y sacarlo exitosamente, las frustraciones de saber que no todos podrán salir así. En fin, Bardo, bien por ti. Te quiero. Y hoy como cada día, te admiro. Harto hartote.

INSISTO: LAMENTO SI HAY FALTAS DE HORROGRAFIA. NO TENGO ACENTOS Y ES UN DESMADRE AGREGARLOS!!!

lunes, 3 de agosto de 2009

Sólo es temporal...




Lo prometo. Una disculpa para mis adora-dos lectores consentidazos y apapachadísimos de la vida y del amor. A mi compu le cayó el virus P (de PENDEJISMO) y por una insultante estupidez dada la sospecha de que mi madre fumó durante mi embarazo... Pues ya no sirve mi CPU. Además, ya no trabajo (ahora el que me mantiene es el dueño de mis quincenas virtuales... y ni tan virtuales, porque ni a compu llego) Pero como creo en la fe y me aventé el libro y el DVD del Secreto unas 8 veces seguidas, sé que algún día, por más extraño que parezca, lograré ahorrar para tener una súper compu a prueba de pendejadas.

En fin, les aseguro que los extraño más, mucho más de lo que piensan.

martes, 23 de junio de 2009

Cómo amamos a quien amamos


Hay momentos en los que es en verdad duro despedirse de un buen amigo. Dejarlo ir, porque debe descansar, porque está agotado y ya nos amó durante toda su vida, nos demostró golpe a golpe y verso a verso lo que alguien puede sentir por nosotros y con cuánto gusto pueden darnos la bienvenida después de regresar de la universidad, de una marcha, de un día con lluvia en la calle o en el corazón.


Entonces él llegaba y se instalaba en la cama. Disponía de su cuerpo y entregaba toda su alma para que yo abriera la mía y con caricias, con besos o con abrazos el bálsamo de su cariño curara las heridas que la vida me hiciera para después poder decir con poco orgullo y mucha esperanza que las cicatrices nunca han conseguido deformar la sintonía que aún tiene mi corazón: un tango arrabalero y chaquetero, pero que ama y bien cada bocanada de aire fresco que me dispone el destino (...Caminante no hay camino, sino estelas en la mar...).


Su nombre era, quiero decir, sigue siendo, Archivaldo Cochipuerco Pineda Luna. Hijo natural de esta Albanta que le vio desde hace dieciséis años en una veterinaria. Igual que ella, lucía perdido entre tanto cócker spaniel bonito: él, en cambio, tenía la dentadura fatal, una hernia y su madre (la que lo trajo al mundo) le había mordido el párpado dejándole inservible el ojo izquierdo para lo que le quedara de vida. Así que inmediatamente me decidí por ese, ese, ese... En cuanto lo presenté a la familia, mi hermano alzó la voz y dijo "lo peor del caso es que si así escoge la mascota, cómo elegirá al novio...". Anyway.


El domingo pasado Archie se fue. Ya estaba muy cansado y en realidad, llevaba más de dos años padeciendo un cáncer que soportó con estoicismo y por el puro cariño que le tenía a la familia. Los últimos días no quiso comer y se le reventó un tumor interno, así que mi padre (que muy probablemente sea de los pocos humanos que le conceden la importancia que tienen a los seres vivos en general) comprendió que ya había llegado la hora. No me dijeron nada: todos saben perfectamente que mi complejo de Magdalena no sabe de fortalezas.


Así que no, en realidad no lo he tomado con filosofía. En realidad me duele un chingo su partida y en realidad sé que lo voy a extrañar mucho, pero también sé que lo amé infinitamente como sólo se puede amar a alguien que tenía el corazón tan grande que no le cabía en el cuerpo. Hasta que le estalló de amor el domingo. Que buenos cielos te cobijen, Archie de sololoy.

viernes, 15 de mayo de 2009

Ojalá que llueva café...


Buenos y lluviosos días, mis queri-dos lectores apapachadores que todo lo pueden y me hacen sentir querida y requeridota. Por eso uno amanece contentota. Ash!


Ehm... En realidad, por eso y porque ya el sol se está ocultando, los días grises comienzan a hacer su aparición y le precederán los fríos, las lluvias, y todas esas cosas que a esta Albanta pintada de turquesa-sergiana le encantan. ¿Cómo... Acaso alguno de ustedes tiene algo contra este clima? Sí, bueno, los deslaves, claro, también el tráfico asqueroso, y qué decir de las inundaciones, la flojera, llegamos tarde a todos lados, nos alaciamos el MALDITO Y ASQUEROSO PELO Y SI NOS MOJAMOS YA SE CHINGÓ EL ASUNTO, SE NOS ESPONJA EMULANDO A LA PANTERA ROSA SALIENDO DE LA SECADORA... Ok, miren, les voy a dar aquí una lista de razones por las que, a mí, me parece que esta es una de las temporadas más súper duper ulta sensacionalísimas que puede haber:


-Uno se trepa al STC (ah qué mamerta, bueno, al micro), se enchufa sus audífonos (preferentemente en los oídos, pero ya depende del gusto de cada quien :P) y vamos viendo cómo la selva asfáltica se mueve desde el otro lado de nuestra ventana. Dicho de otra forma; qué bonito es ver llover y no mojarse, chingao.


-Amanecemos con esa pinche anti-sensualidad que nos entrega las seis cuarenta y cinco de la mañana. Nos apretujamos junto al dueño/a de nuestras quincenas. Su calorcito nos conforta. Afortunadamente para nosotros, el dueño/a de nuestras quincenas está más dormido que nosotros, por lo que no alcanza a ver el monstruo que tiene al lado, así que podemos dejarnos apapachar bien agustín. Cerramos los ojos. ¡Puta madre, yo no sabía que eso era estar en el cielo! Dispensen ustedes, pero a lo más que había llegado era dormir con mi gata y un perro de peluche.


-Tomamos café, fumamos tranquilamente (bueno, es mi caso, si ustedes son muy pinche sanos no saben lo que se pierden) mientras pongo a todo lo que da una buena rola (ahora suena Me gusta estar al lado del camino, fumando el humo mientras todo pasa, me gusta abrir los ojos y estar vivo, tener que vérmelas con la resaca... Ohhhhhhhh por Dios, Fito Páez es la pura sabrosura). Así es como se debe trabajar un viernes: haciéndose pendejos :D


-Francamente ¿a quién no le gustaría volver a brincotear encima de los charcos y mojar a cuanto incauto se atravesara en el camino? ¿No sería una belleza que quien pasara estuviera vestido de blanco?


-Ok, les cambio el café y el tabaco por un chocolatito caliente y churros (de los que se comen, no de los que se fuman, chingao) ¿les late más la idea?


-Hay veces, cuando nos sentimos desubicados, felices o tristes, y prestamos un segundo de atención, de pronto el golpeteo de la lluvia en nuestra ventana, nos hace saber que por fuerte que sea la tormenta, nunca estaremos solos.


Pues contrariando mis ganas de seguir chacoteando con ustedes, dispóngome a trabajar. Porque sí, hoy planeaba reportarme enferma y disfrutar de la lluvia y del día nublado acostadita y comiendo arrocito con leche (si sigo así me voy a poner como ballenita), hasta que una voz sospechosa y nada desinteresada retumbó en mi conciencia y me hizo saber que tenía un motivo de peso, de varios pesos, para presentarme en la oficina: es quincena. Pusyaqué.


jueves, 14 de mayo de 2009

Buenos días, señorita giraluna!!!


Despierto azulada y a-su-lado. Seis cuarenta. Otro ratito por favor. Seis cuarenta y cinco. Un rato más, me baño en la noche. Siete de la mañana. Me lleva la chingada, cuáles siete de la mañana, son siete y diez, ni porque tengo dos despertadores... Ok, no hay tiempo de alaciarse el pelo, así que un chongo zamorano, paso a hojalatería y pintura, afinación y balanceo, enciendo agüita pa' café, y en menos de lo que canta un gallo afónico y tartamudo, ya está lista la bandeja con una rebanada de pastel de elote (yomi yomi) que llevo como mucama de casa VIP hasta la cama del dueño de mis escuálidas pero bienganadas quincenas que reposa en estado onírico, cual angelito, róncale que róncale, como si apenas fueran las dos de la mañana. Chingao, nomás por verlo dormir como si no le debiéramos a Electra ni a Telmex, vale la pena vivir.



Ok, desayunamos, nos vestimos, nos movemos, nos vamos. Un beso, dos besos, tres besos y nos despedimos con la bendición que hace de cada día más que una razón, un motivo. Y para quien diga que es lo mismo, mis dos lectores queridos y jamás abandonados, se equivocan. Una razón parte de la mente y llega a su interlocutor. Un motivo parte desde el alma y se funde con el universo. Bueno, pues agarro vuelo y emprendo mi camino hacia la Diana Cazadora, enciendo mi música, y Sabina me dispara a todo lo que puede (y vaya que puede) junto con la mano de Serrat. Yo me dejo apapachar mientras sorteamos carros, contaminación, comerciantes, el solazo que amenaza con hacer más pinche fuerte mi dolor de cabeza que me tiene amachincuepada desde ayer, y de repente, como no queriendo, miro el reloj. Ocho cincuenta y cinco. Putamadre. Me la van a armar de emoción. No llego, me cae que no llego. Sí, cómo chingados no, responde mi lado positivo (ya tengo un lado positivo, no van ustedes a creerlo), hasta para pasar por cigarros nos va a dar tiempo. Cámara, tú sacas los polvos flu y yo me los echo y digo ¡Lerma 300-1! les respondo encabronada (Para los que no han visto ni leído Harry Potter, investiguen qué son los polvos flu ¿quieren?). Pues sin polvos, ni los de mi casa que se cae de puerca, ni los que usa Maradona para matar con la nariz un perico, pero tómala, que llego a la tienda a las nueve con siete minutos. Puf puf. Sí paso por mis Marlboro, primero fumare, después laborare. En suma: me vale madres.



Pienso en la música mientras camino los pasos que me separan de la puerta a mi escritorio. Pienso en cuántas ganas tengo del primer café del día mientras dan las doce y es el turno de tomar mi descanso y preparármelo, echarme un cigarrín y disfrutar lo que se tenga que disfrutar, que para qué hacerle al cuento, es todo lo que tengo. Pienso en Toño, mi amigo que ya no está desde hace casi dos años y en su voz que aún hace eco en estas paredes que lo cuidaron tanto durante más de veinte años. Pienso en una pecera que tiene que ser comprada antes del sábado para alguien que merece el mejor regalo del mundo. Pienso en quien será el dueño de la pecera. Pienso entonces en quien duerme conmigo y me llama cada día para decirme de la manera que se le ocurra que está, que asombrosamente, inexplicablemente, pero no inesperadamente, porque lo esperé durante años, y quizá durante muchas, muchas vidas, llegó para decirme que sí, que era él.



Es decir, pienso en Sergio (Cortázar dice mientras juega la Rayuela: Ándabamos sin buscarnos sabiendo que andábamos para encontrarnos)



Y lo invoco, porque entonces recibo un mensaje de él. Yo ando en chinga escribiendo correos y buscando un recibo de agua que me pidieron. Estoy bajo arraigo domiciliario esperando una notificación de una señora que tiene tres nombres. Chale. Harto trabajo, pero también me he impuesto el firme pero sustancioso propósito de escribir aunque no tenga nada que escribir, por aquello de que uno luego deja de hacerlo y ya cuando quiere no tiene ni idea de por dónde chingados comenzar. En realidad no he parado. Sí he seguido escribiendo, pero por razones que incluso para mí resultan desconocidas, empecé a hacerlo a mano, igual por nostalgia, por comodidad o porque francamente se me dio mi rechingada gana.



¿Que si los extrañé, oh adora-dos lectores? Pero porrrrrrsupollo que sí. Ánimas y aún sigan por aquí, que si ya se me fueron al blog de la Fernanda Tapia, sabrá Dios qué voy a hacer sin ustedes. Ustedes tranquilos, aquí no hay PANdemias, lo único porcino y aviar que puede haber, son unos huevos con jamón. Ya hablaremos de eso en próxima ocasión, denme chance que acabo de llegar y apenas me voy acomodando...

domingo, 11 de enero de 2009

domingo, 30 de noviembre de 2008

Y uno de los regalos fue...


No se asusten si uso algún cometa mágico,
si colecciono perros en la acera,
si dulcemente arranco el caos de mi entraña;
no se asusten: estoy sin tiempo para tumbas,
ardo y me corono con un naipe.
No se asusten por nada: simplemente recibo un heliotropo.

Adiós Adiós, locura de mis treinta años,
besado en julio bajo luna llena
al tiempo de la herida y la azucena.
Adiós, mi venda de taparme daños.
Adiós, mi excusa, mi desorden bello,
mi alarma tierna, mi ignorante fruta
estrella transitoria que se enluta,
esperanza de todo por mi cuello.

Adiós, muchacho de la cita corta;
adiós, pequeña ayuda de mi aorta,
tristísimo juguete violentado.
Adiós, verde placer, falso delito;
adiós, sin una queja, sin un grito.
Adiós, mi sueño nunca abandonado.

Carilda Oliver
Y un millón de gracias para ti, Alondra.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Treinta años tenía Martina...


Dentro de cuarenta y nueve minutos, dejo de cumplir treinta años. Apenas me entero que tengo casi la edad de Heidi, Garfield, la desaparición de tantos jóvenes en la plaza de Mayo, la muerte de Elvis, inicio de la música disco, el inicio de Star Wars... bueno, ya no le sigo porque entonces deja de ser mi celebración.


Tengo que estar despierta para las doce de la noche. Encenderé una vela que, sin pastel, tendrá todos los deseos que guardo para que los próximos 365 días mi vida sea una constante de suspiros, sorpresas bienaventuradas, caminos por descubrir y con la mochila muy, muy ligera por si hay que descansar en el viaje.


No sé qué me espera este día. Ni mañana, ni siquiera tengo ganas de averiguarlo. Me siento bien, con ánimo de continuar, y esta palabra que lleva desvelos, hematomas emocionales y algunos raspones del alma no se cansa de agradecerles, a todos los que me leen, silenciosos o no, el pasar por aquí y detenerse para darle color a los desvaríos de esta Albanta que hoy anochece con treinta años y amanecerá con treinta y uno, pero siempre, siempre, en Azul. ¡Cómo de que no!


He dicho. Las últimas palabras de una -casi- recién estrenada treintañera. Una edad perfecta para comenzar, recomenzar y continuar si se tiene toda la fe del universo para que sea él quien me ayude con lo que soy y con lo que espero ser.


Feliz cumpleaños, Verónica Pineda.


P.D.- Mañana les presumo mi pastel cumpleañero.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Despedida...


Hace más de cinco años mi casa estaba asolada, desolada y con un aire de abandono que no podría llamarse del todo hogar. Igual que mi corazón. O hipotálamo, según se vea. El papá de Selene se había marchado llevándose con él, además de los años juntos, los sueños inconclusos e incluso, un poquito de la vejez planeada. Tiré la sala. En donde debía haber un lugar cómodo, sólo existía un vacío de muebles y de alma. Entonces Luis Antonio, un gran amigo que me salvó de muchos domingos incómodos, me regaló una sala. Debo decir, mis dos apreciables lectores, que quizá sea este el motivo por el que tanto amo mi casa: porque cada lugar está lleno de regalos de la gente que me quiere. Un escritorio regalo de mis padres cuando cumplí 18 años, un pequeñísimo librero que me donó mi prima, el comedor regalo de un buen amigo, hasta la pared, que ayudó a vestirla de madera mi hermanito Cassandra.
Yo no sé cuánta historia traía ya El Sillón. Aquí lo recibí como si fuera nuevo y lo cuidé con todas las ganas de estar siempre a su lado. Fue en MI Sillón donde aprendí a quererme con el libro que me regaló Jugo de Melocotón, donde descubrí que una mano tenía el poder de quemar la mía y unos labios nuevos me hicieron sentir por vez primera y muy probablemente única, cuánto y hasta dónde era capaz de jugarme la vida con tal de amar y amar y amar. De seguir amando, a pesar de que él se fuera y El Sillón continuara junto a mí. Entonces, El Sillón me acompañó en las noches en que el llanto no era más agua salada, sino arena estéril que me laceraba sin un momento de piedad. Después El Sillón se convirtió en mi cómplice: sólo él y nadie más que él sabe cuántos secretos escondimos, cuántas reuniones gozamos, cuántas noches pasamos juntos... solos y acompañados.
Voy a cumplir treinta y un años el próximo jueves. Esta semana me avisaron que me regalaban una sala nueva. Una sala que no tiene pre-historia. Que no ha sido aprovechada, como la mía, antes y después de saberla aquí, en la que ya es su casa. Selene, Viridiana y yo nos sentimos un poco como tímidas: nos apena sentarnos en algo que no es, todavía, parte de la familia. Por eso lo recibimos arregladas, con la casa limpia y sin polvo, para que esta sala se sintiera a gusto en su lugar recién descubierto. ¿La sala pasada? Bueno, pues tuve que sacarla y esperar que se la lleven... Y que donde vaya, se lleve una historia para contarle a otros muebles: la de una familia extraña, compuesta por una mujer, una niña y una gata, que algunas veces se sienten desprotegidas y se acurrucan entre ellas para que no se cuele por ninguna parte de su alma el frío otoñal.
Sé que tenemos que dejar ir para que otras cosas vengan, nuevas o renovadas. Sé también, que este es un comienzo y que será genial recibir el próximo año nuevo, mi próximo año nuevo, vendrá lo que por derecho -y por izquierdo, me corresponden.
Feliz viaje, señor Sillón.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Así lo recuerdo...


Así lo recuerdo, te juro no miento
a golpe de estrofas, tus manos tu pelo
frontera a lo eterno, guardián de lo inmenso
no importa si niegas, yo sé lo que es cierto.
Alejandro Santiago

Al diamante blanco:
Por enseñarme lo que ya sabía desde hace tanto:
que todavía falta mucho por aprender...
¿Qué sucedería si un día, después de que piensas que hay muchas cosas que se perdieron y entre ellas la fe, encuentras que en una noche los planetas convergen entre ellos y te dicen que tal vez hay que seguir creyendo?

-Signo leo: Fuego, fuego, FuEgO, fUeGo, FUEGO…

DELICTIA CARNIS
SEXUSUNIVERSUSTOTALIS
Sabor a verde-verdad, sacrificada a muslos abiertos y sin daños a terceros, cobijo de labios, agiten entonces saliva-sudores-sustancias. Lenguas prestadas, abrió sus campos y sus flores fueron segregadas de agua bendita. Hizo lo propio y el roble, árbol erecto, vertió sus hojas y roció lo que ya estaba húmedo. Sin palabras para no estropear el silencio oportuno de gemidos. A cuatro manos, a dos bocas, a ojos cerrados,
a placer, PlAcEr, pLaCeR, PLACER…


“Por ti se escapa la sequedad de mi boca,
mi mirada de brújula perdida en tus rincones,
floto voluptuosa en tus profundas aguas
y me abro como flor nocturna a tu plácida noche.
Mi cuerpo, fiesta fértil y lasciva.”

Respiración entrecortada: el oxígeno te llega por los poros, te inunda, te adula, te ordena, te obedece. Que siga la danza y que bailen las pieles, que se quede en tu aroma y que se resuelva la noche como pueda. Astrológicamente, su espalda dice que lo vivas y lo sudes y lo respires y lo pruebes hasta no quedar duda que lo perfecto puede ser realidad, aún cuando la realidad no siempre sea perfecta.

Agua tibia. Dilatada. Lívida. Libido.

¿Qué prefieres: dar placer o recibirlo? Las dos cosas son posibles, exactas, puntuales, perfectas.

Tiemblas, te contraes, te agitas, te estremeces, te escurres y ya no eres corpórea: te transformaste en espasmo, convulsión, orgasmo.


Frotar-flotar.

El volcán entonces expulsa lava. Tu primera reacción fue alejarte, luego como un reflejo te acercas y el vino blanco sabe dulce, tomas y puede más la embriaguez y la lujuria (Lujuria: apetito desordenado de deseos carnales) que tus fobias.

Una puerta se cierra. Ya es tarde y hay que dormir. Te recuestas. Lamentas saber que un recuerdo es algo pasado, pero tienes todavía un sabor pintado en lienzo para el insomnio.

Otra puerta se abre. Aún es temprano y puedes pasar. Cuando quieras.

P.D.- Cuando ella apaga sus ojos, le gustas más. Los demás sentidos (Oído. Tacto. Olfato. Gusto) le demuestran que es cierto: Sólo los cuerpos que embonan son los que tienen la libertad de encontrar.

jueves, 23 de octubre de 2008

Entre verdes y azulado... a su lado.


Todos los viajes sirven para descubrir o reencontrar. El mío inició en Poza Rica y culminó en el interior azul de Albanta, que alzó el vuelo y giró, no lo creerán, hacia la aceptación. Fue volver al mar (donde parten las estelas y prometen los caminos, mar donde los cielos mismos aprendieran a volar, diría Delgadillo), nueve años después de aquella vez en Huatulco, cuando le hablé a medianoche y le supliqué me diera la oportunidad de volver a saberlo. Dicen que las cosas llegan no cuando las deseas sino cuando en realidad las necesitas... Y ahí estuve, viéndole estrellar su espuma y perderse entre mis ojos hasta que ya no supe cuándo fue agua y cuándo fue cielo. Igual que sentí con mi Tenampa emocional kafkiano, que partí y compartí con él tal vez un poco menos de diecinueve días y quinientas noches, pero un poco más de media semana y un sueño eterno, que volviendo a parafrasear a Sabina, hay besos que te los dan y resucitan a un muerto...


Entonces, esta crónica que no pretende serlo es, mejor dicho, el escaso recurso que tengo en este momento. Las musas andan de viaje. Y las he dejado marchar, cómo no, si después de todo, ellas me permitieron salir de mi ratonera y caminar con pies descalzos en el Tajín recién lavado por la llovizna que sólo terminó el último día de mi estancia en Poza Rica.


¿Pesadillas? Tuve dos. Y fuertes. Pero dice mi amiga Nancy que está comprobado que el 99% de ellas no llegan a realizarse, por lo que me siento tranquila dentro del porcentaje mayoritario y sé, más que por presentimiento por decreto, que en cualquier lugar y a cualquier hora, vendrá a mi tinta y a mi alma el dios de las pequeñas cosas, el que te regala felicidad como si fueran lunetas multicolores. En tanto, yo voy a dibujar mariposas en mis sueños, que se ha hecho de madrugada y necesito apagar los ojos para que la enfermedad, aquella que me persigue y de vez en cuando me alcanza, pase de largo y no sepa dónde me escabullí...

lunes, 6 de octubre de 2008

Tengo una muñeca que regala besos...


Así lo dice Fito Páez y concuerdo plenamente con su imagen. Pocas o quizá ninguna vez me he puesto a escribir sobre el rol más difícil que me ha tocado desempeñar durante 9 años. Un trabajo que en realidad es bien remunerado, pero que no tiene vacaciones y que a menudo pareciera que estoy a punto de tirar la toalla por no saber qué tan bien lo hago: el de ser mamá.


Selene Nicole fue concebida en septiembre de 1999. Durante la huelga de la UNAM y tampoco es cosa de dar detalles, ¿verdad? Pero sí, fue con amor. No de ese amor que una vez sentí que me mataba, tampoco del amor que te inunda y sientes descargas eléctricas. En realidad fue un regalo envuelto en una canción y más de 4 años de relación que me entregaron entre sábanas blancas el 19 de junio de 2000, con 3.100 kg y 54 centímetros de pura y absoluta sabiduría. Qué puedo decirles, que desde ese momento creí plena y absolutamente en el amor a primera vista, justo en el instante en que la toqué y supe que daría mi vida por verla feliz el resto de la suya.


Ahora, ocho años más tarde, puedo presumir con todo el orgullo de mamá gallina que tengo una hija llena de amor para dar y para recibir, que no exige nada porque conoció a mi lado el hambre, pero jamás el frío. Que se esfuerza a ser la mejor en la escuela y en cada cosa que decide iniciar, con una determinación que a menudo ignoro de dónde la heredó, pero también con una humildad y una necesidad básica que reconozco: Nicole sólo puede ser feliz cuando ve que la gente y los animales lo son.


Hace dos años ingresé -raro- al hospital. Fue un momento muy, muy fuerte en mi vida del que me he negado a escribir por diversos motivos. Mi familia, Nicole incluída, se habían ido de fin de semana. Al siguiente día, cuando me dieron el alta y llegué a casa, su mascota, Camelott, estaba muerto. Así, sin más. Puta, ¿cómo le explicas a una niña que su animalito se murió quién-sabe-por-qué-y-quién-sabe-cómo? Cuando llegó, el domingo por la tarde, tuve que decirle. Lloró y lloró mientras yo la abrazaba y se me rompía lo poco (en realidad lo muy poco) que quedaba de mi corazón ya magullado por otras razones. No sé cuánto tiempo pasó, pero después de varios minutos, la miré fijamente y le dije: Ok, ya lloraste. Te has desahogado y ya necesitas estar tranquila, aunque el dolor siga y aunque no sepas cuándo se irá, pero nunca, nunca, llores más de la cuenta. Porque si no nos detenemos en el momento indicado, siempre quedamos debiendo lágrimas.


Dos meses después se me deshizo el mundo en una llamada que duró menos de cinco minutos. Ya no me casaría, ni tendríamos un hijo, ni volveríamos a hacer el amor, ni habría más miradas y risas... Porque yo lo había decidido así: Si me hubiera pegado una vez, la culpa sería suya. Pero me pegó tantas, que la culpa fue mía. Entonces me encerré en mi recámara para que mi hija no viera cómo su mamá había decidido desconectar su alma. Lloré quedito, sin hacer el menor ruido. Quería ahogarme entre lágrimas pero chingao, por más que salían apenas alcanzaban a cortarme la respiración por segundos. Y entró Nicole, para decirme: "Mamá, ya lloraste. Necesitas estar tranquila aunque el dolor siga. Y así como me dijiste cuando pasó lo de Camelott, nunca llores más de la cuenta". Creo que ni siquiera mi madre me había hablado con tanta tranquilidad pero también con la firmeza de quien sabe o intuye por puro amor lo que había sucedido...


Así es mi hija: la niña que el 6 de enero pidió como regalo de día de Reyes una Jessie vaquerita y doscientos pesos. ¿Para qué quieres el dinero, Seles? Ah, pues yo lo necesito. Y sí, los Reyes pudieron cumplirle y amaneció lo que pidió al pie del árbol navideño. Despertó, abrazó su muñeca y me dijo: "Mira, pedí doscientos pesos para ti, porque los Reyes nunca te traen nada y tú siempre te portas bien".


¿Cómo puedo pagarte tanto, mi bebé? No soy la mamá perfecta, eso lo sabes. Me he contentado con luchar para ser una mujer congruente y que algún día, puedas decirle a quien te quiera escuchar que tal vez no fui la más atenta ni la más normal de las madres, pero que te enorgullece saber que siempre fui una mujer feliz, que como tú, lo conseguía viendo y viviendo la felicidad ajena y en consecuencia, la propia. Mi luna del alma. Selene Nicole, mi Luna Fuerte. Que los cielos te cobijen y que tengas alas firmes para que nunca te enfermes de tristeza. Que todos los dioses te bendigan para que transpires lo que sólo tú puedes. Y que recuerdes cuántas veces te acuné desde mi vientre inmaduro para cantarte Bienvenida, de Fernando Delgadillo, y cómo desde que descubrí Catalana, en voz de Alejandro Santiago, sólo pude dártela a ti:


Vivo de tu luz luna traviesa
soplo que me mueve que me da
colores donde hay nubes negras
antídoto contra las penas, mi lugar.


Festival de trazos en tus manos
la respuesta al beso que pedí
consuelo para mis rabietas
oferta siempre a manos llenas, mi raíz.

Sonrisa libre catalana con tu voz
haces que todo se haya puesto a mi favor.

Por tus consejos, por tus regaños
por tantas ganas, por lo pasado
por tus costumbres con sus manías
por darme aliento en la subida.
Por ser ejemplo por darte toda
cuando la vida se pone sorda.

Perfumada siempre de te quieros
necesaria cerca de mi piel
por sobre todo mi sirena
faro en mis noches de tormenta
mi bebé.

Sin planear catorces de febrero
ni discursos para el porvenir
tus ojos firmes en mis sueños
amiga a prueba de pretextos
soy feliz.


Bandera grana catalana tu calor
le da más vida cada día a mi vocación
Por tus consejos por tus regaños
por tantas ganas por lo pasado.

Por tus costumbres con sus manías
por darme aliento en las subidas...
Por ser ejemplo por darte toda
cuando las cosas se nos desbordan.
Por más razones que se me olvidan
por mil motivos por ser tan mía...

Por ser tan mía.




martes, 30 de septiembre de 2008

Diez veces diez... Una vez cien...


Me parece que vivo
que estoy entre los ruidos
que miro las paredes,
que estas manos son mías,
pero quizá me engañe
y paredes y manos
sólo sean recuerdos
de una vida pasada.

He dicho "me parece"
yo no aseguro nada.

Oliverio Girondo


Ya llegamos pues, al escrito número cien de este capítulo de mi blog. Una nueva vida desde febrero de 2007 que se iluminó desde que entendí la felicidad partiendo de mí, que no de él, como quiera que sea su nombre. Hacia mi lado derecho, un sillón que se envuelve con verdades y dos almohadas para cuando el sueño sea un asunto de urgencia y pueda cerrar los ojos sabiéndome latente y existente. A la izquierda, el corazón. Tum tum. Tum tum. Tum tum. La zurda es el lugar donde me he instalado y ya no me impide respirar cuando padezco la enfermedad ingrata. Caídas libres, algunas con descalabros y otras con la buenaventura de salir intacta, pero eso sí, experimentada.


Aprendiz de hada. Doctorada en vida. Catedrática en lágrimas: las que limpian y las que inundan. Las que son llovizna y tromba. Las que son sal y azúcar. Con la consigna de Oliverio: Llorar a lágrima viva, llorarlo todo...


Tal vez recomenzando cada noche. Llegando a esta comarca para el vómito verbal, el desahogo emocional y las nostalgias, siempre vestidas en azul: índigo, cobalto, celeste, marino... Hasta llegar al turquesa, que es más bien y al final de cuentas, un Azul Albanta.


Agradecida con mis dos lectores queridos. Por leerme, por sobrellevarme, por aceptarme. A los que llegaron por casualidad y se quedaron un rato, como visita de cortesía. Y a los causales, que saben finalmente lo mucho que disfruto saber que, a pesar de tener el oficio más solitario del mundo, el resultado es con la intención de hacerlo estallar en muchos ojos.


Mi escrito número cien dentro de blogspot... Para nadie en general, para todos ustedes en particular. Ya llegaremos a los doscientos, y si para entonces el universo conspira a favor de esta mujer, les contaré el secreto acerca de la piedra filosofal para amar y ser amada.


Entre tanto, mientras tanto y siempre al tanto: Gracias. Que las deidades oníricas los cobijen y lleguen hasta su alma para hacer realidad cada secreto que nunca me han contado. Los quiero.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Estadías de la Luna Azul.


COLD IN HAND BLUES
Y qué es lo que vas a decir
voy a decir solamente algo
y qué es lo que vas a hacer
voy a ocultarme en el lenguaje
y por qué
tengo miedo...
Alejandra Pizarnik
Escuchando a la Julieta Venegas, concretamente Limón y Sal... Qué quieren, no siempre soy ácida como para chutarme al Sabina, al Calamaro o al Páez, ni tan depresiva para escuchar al Popceransky, Abel Velázquez o Raúl Ornelas...


Exactamente no sé por qué ando en este lugar, si no he pensado concretamente qué decir. Mis rosas se secan a paso lento. Un pétalo de la rosa roja, la amada, cae sobre la rosa ya pálida, la amante. Pienso en cuando mis flores sean un recuerdo parecido a la naturaleza muerta. Aunque difiero del término: tal vez estática, pero no sin vida. Quien ha tenido una buena dosis de ella no puede decirse que después del último aliento se quede como si tal cosa...


Por eso no me quise morir a la hora de la hora, porque sabía que aún muerta tendría mil planes en cuenta y sería un poco más difícil de lograrlos que respirando.


Tengo miedo. Tengo anhelos, tengo medicamentos, esencias florales, frutales y muchos besos que tienen domicilio anónimo, pero destinatario conocido. Cuento con cigarros, mantras, unas calcetas de lana que me regaló mi padre para que no me duela tanto el pie, hadas bondadosas, luciérnagas para cuando se me va la luz del alma y el sentido de que tiene sentido estar aquí. Con todo y los temores y temblores.


¡Ay Amor con nombre propio! ¿Cuánto valdrás la pena para que mis pies de plomo encuentren polvo de estrellas y quieran volar igual que mi mente? Si te intuyo y de repente me detengo, apareces, te instalas con tu histérico cinismo y te vale un carajo mi pasado. Si me dices que yo soy mía y yo te digo te equivocas que soy tuya. Si me das libertad cuando me siento tan cómoda en tu pecho y no quiero volar porque tengo sueño. Si estás pero te vas, si nunca te detienes y yo por eso te sigo, porque nunca paras, porque dices y ríes como si el turquesa no fuera el color que tanto camino me costó encontrar. ¿Cómo sabrás entonces que me aterras por tu anormalidad y que a pesar de eso me sabes cuánto odio lo normal, lo cotidiano, lo civilizado?


Puedo ser mariposa y te concedo el derecho notariado para que me tomes entre tus manos y por lo tanto sepas que puedo elevarme más desde tu cuerpo que cuando sopla el viento. Puedo ser de papel y dejarme dictar palabras recién nacidas. Hoja blanca que se dispone y se propone ser escrita por tu tinta hasta que me alcance la vida. Quiero ser tuya para que siga siendo mía. Quiero ser mía para saber que puedo ofrecerme cada noche en sacrificio y contar tus latidos antes de morirme poco a poco para ti. Puedo perder porque no hay mejor juego que en el que apuestas con el triunfador.


Ser luna menguante para acunarte, luna llena para colmarte, luna nueva para asombrarte y luna creciente para siempre tener algo que decir.


Darte un par de canciones y esperar que un día de estos o uno de estos días tomes el pasado y este presente para decirme te amaré...


De lo perdido, lo que aparezca...


Hoy es lunes de luna. Desde ayer urgíame con prosaica necesidad venir y expresarle a mis dos lectores queridos, hermosos, preciosos y de vez en cuando sentenciosos, por el puro gusto de chisme, lo que me pasó la semana pasada. ¿Han visto El perro andaluz, la película de Buñuel y Dalí? Bueno, una cosa así pero a lo pendejo...


Nada, que la semana anterior fue de tropiezos y descalabros, encuentros y desencuentros. Incluso reencuentros. Pérdidas emocionales:


No sé si mi computadora, la mano amiga de un virus y mi pendejismo hicieron posible que se borrara de manera permanente de mi disco duro más o menos 500 archivos que durante los últimos tres años tuve a bien guardar, y tuve a mal no respaldar. Además de escritos y cartas, que son las que cuentan, también perdí como 200 archivos de mis imágenes, música... Qué le vamos a hacer, ¿verdad?


No, si neta que me sentí mal como una noche entera. Tan mal que entre mi mejor amiga y yo nos acabamos una botella de tequila y nos esnifamos la música que duele. Ouch. La cruda no es buena, lectores. Créanmelo. Yo todavía sigo teniendo frío, temblores, dolor de cabeza, sed, siento que mi gastritis está a punto de reventar y tengo cierto temor cuando paso por la tienda y veo refrescos de toronja...


Pero como la vida no puede ser tan ojete, porque oh vida no lo eres... Que me escribe uno de mis escritores favoritos: Gustavo Sainz (favor de buscar quién es Gustavo Sainz para que se sorprendan el por qué demonios todavía no leen su obra). Pues sí, que me escribe y que le respondo. El sábado como judía lo dediqué a la meditación y al descanso (en realidad no tenía ánimo ni de levantarme ni de meditar, así que nos la pasamos la mayor parte del día intentando dormir a pesar de que el mundo seguía dando vueltas).


¿Quieren saber qué aprendí? Bueno, si no quieren me vale: les voy a decir, así que pa' los que no, pues tápense los ojos... Creo que sí fue un sentimiento tremendamente demoledor el saber que las palabras y las fotos ya no estaban ahí. Que se había ido gran parte de mi vida, que no tenía entonces algo tangible, aún cuando fuera en la computadora, de lo que había sido durante tres años. Y créanme, fui muchas cosas. Pero después recordé un precepto: Tenemos que escombrar. Tirar todo lo que ya no nos sirve, como en un armario, dejar espacio para que llegue lo bueno. Así que decidí amortiguar mi sensación de zozobra con la idea de que estaba claro: muchas cosas buenas estaban por llegar.


El domingo quise escribir. Pero chingao, nadie se puede mover los domingos. Ya conocen mi exagerada postura antidominguera. Y sin embargo, me moví. Bueno, con decirles que hasta me bañé: Fui a reiki, lo que me dejó con la sensación de que la vida a pesar de sus mentadas no es tan mala como la sabemos. Igual la vida también sea bipolar, tetrapolar, pentapolar... Cuántas opciones para no desperdiciarlas sufriendo por algo que ya no tiene vuelta de hoja, ¿no les parece? Después comida con Sandría en algún lugar sabrosón del centro histérico. Regreso a casa, una siesta, una película... Y el encuentro lejano pero no distante que busqué nocturnamente con una de las razones por las que mi vida, señoras y señores, se ha convertido en un tenampa kafkiano.


Después de todo, en pie de letras. Con la vista al frente, los pies en la tierra y el alma en el cielo.

Aplausos.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Encuentros y desencuentros...

Miércoles confuso. El ánimo ni a la zurda, mucho menos a la diestra. Digamos que con la esperanza inapetente. De un lado, sujetándome fuertemente de mi buena estrella de la fortuna, del otro, maniatada ante tantas ganas de formular preguntas que se gestan en mi hipotálamo pero no alcanzan a estallar en la boca sino que entran en coma pausadamente y mueren apenas en la garganta.

Para cuando quiero gritar, no existo.

Almendrasalmendrasalmendras. Necesito una Mágnum con almendras. Necesito descansar de tanto polvo y como diría Bebe, pa' fuera telarañas. Soñar y soñar con las cosas buenas que en gerundio siguen latiendo en mi vida: vasos de cerveza, encuentros cibernéticos alineados por planetas pasionales, estos recientes diecinueve días, las últimas quinientas noches.

Hace unos doce años, Fernando Delgadillo era una parte fundamental de mi emocional cotidiano. Poco a poco fue diluyéndose hasta quedar, como una relación de novios cuando ya no hay coraje sólo recuerdo, las armonías que bienvalieron la pena. No terminaba de ubicar esta canción. Hasta hoy, que fueron las palabras escritas no cantadas que me hicieron invocarla y sorprendentemente, notar que la sé completa. Quedó que ni mandada a hacer para esta ocasión.

Llamo al muso que tengo desde los primeros escritos: mi duende parecidísimo a García Lorca pero sin el gusto por la fiesta brava. Llega con retraso: la nostalgia se respira y no quiero un episodio asmático de suspiros. Entonces, en vez de dictarme como acostumbra, frases no tan lúcidas ni tan coherentes pero al menos hilvanadas con surcido invisible, me hace saber que hoy soy pieza sólo de varias canciones.

Que no alcanzo, que sólo he llegado hasta el dolor, que he perdido la buena esperanza y me refugio en la piedad de la ilusión... Que no sólo tengo manos tengo un corazón y tengo la verdad enfrente como patria y el deber de caminar... Que hoy es un día de esos donde mandaría todo a hacer puñetas... Que la vida es una cárcel con las puertas abiertas, Verónica escribió en la pared con la tripa revuelta... Que no sé dónde va, que no sé dónde va mi vida, que no sé dónde va pero tampoco creo que sepas vos... Que no me vendan amor sin espinas... Que la vida no es un block cuadriculado sino una golondrina en movimiento... Que mejor que el ojo pongas la intención... Que nunca dice lo que piensa y casi nunca piensa como yo... Que no hacen falta alas para alzar el vuelo... Y qué cosa fuera la maza sin cantera...

Que Albanta baila y desenreda con los dedos su melena: desatar sus penas y a vivir... Su mirada, mis rarezas, las rosas rojas en fin... Que el sol no da de beber...

Y ante todo, tal vez, la última frase que habita la canción de Delgadillo: Empieza con Hoy y termina en volver.

De acuerdo, apaguemos los ojos y vayamos a dormir con el nombre besando mi boca: Que esta boca es mía.

Qué quieren, es la necedad de vivir sin tener precio. Yo no sé lo que es el destino, caminando fui lo que fui...

lunes, 22 de septiembre de 2008

Dónde quedó el amor?


A saber: el amor propio puede ser un inconstante de nuestras vidas, que aceptable o no, vamos entendiendo que nos conocemos un poco más cada día, que quizá un día podamos apenas sobrellevarnos, entendernos, encantarnos o incluso habrá veces en que sí, realmente nos amemos a nosotros mismos. Que hay momentos en que mejor que el amor es valorar y sabernos.

Aunque todavía no sé explicar cómo saberme, pero sé que me sé.

¿Y del amor externo cómo andamos, Albanta?

Sentimos, vibramos, gozamos, creemos y muy a mi pesar, en frecuentes ocasiones también nos aterramos. Habrá quien diga que sólo nos da miedo lo que no conocemos, pero difiero de ellos. Creo que precisamente porque lo hemos vivido en carne viva, alma en coma y hasta con odio jarocho, sabemos a lo que le tiramos cuando estamos al punto de soltar esa frase angustiosamente necesaria que nos exige salir desde el fondo del hipotálamo, estómago, garganta y al fin labios: TE AMO.

Dice Antonio Gala (y hay que ver que Antonio Gala es un hombre sabio) que los respirables y de vez en cuando latentes sólo pueden ser amantes o amados. Debo confesar aquí que en general siempre he asumido de manera conciente, inconciente e incluso atrayente el papel de amante. Me parece más fácil: Si fuera amada no sabría lo que es morir sin morir, que es la forma más cruel de no morir.

Sí, quiero ser amante. Entregar porque no sabría qué hacer con lo que producen mis besos, mis abrazos, mis caricias y la mirada inequívoca de que ahí está otra vez, llamándome y confesándose que me esperaba para ser amado. Que tiene cuerpo y tiene voz. No lo sé del todo, una que otra vez he jugado a ser amada pero irremediablemente doy media vuelta y sigo con mi papel.

Hoy Albanta anocheció melancólica.

Hay dos rosas en mi escritorio. Una grande y altanera en color rojo que no desea terminar de florecer, la otra es rosa queriendo ser turquesa y en cambio, se abre hasta donde puede, aunque no tiene espacio para mostrar cuánto es en realidad lo que puede. A mí me parece que la primera es la amada, y sí, la segunda es la amante.

No quiero que me encierren en un plástico cuadrado y sin espacio para descapullarme (acabo de inventar una palabra). Quiero estar plantada en la tierra húmeda y salvaje para que crezca hasta donde me dé la gana. De esta manera, cuando mis pétalos se caigan, sabré con toda certeza que amé la noche y el día, la llovizna y las tormentas... Que puedo secarme tranquila porque ya supe lo que era un prado sin restricción. Porque algo tengo claro: jamás una rosa de invernadero.

Es que seguramente es el motivo principal por el que me gustan los girasoles. Apenas el viernes por la noche le encontré su sentido a las rosas, que como dice Aute: Es rosa por ella y no porque en ella respire una flor.

Una veintisiete de la madrugada. He fumado veinte cigarros contantes y no sonantes pero sí humeantes. Me enfrenté durante gran parte del día a mi transtorno bipolar, lavé trastes y tendí camas. Olí una ropa olvidada aunque no hacía falta: por más que pase el tiempo, siempre olerá al recuerdo todavía tangible.

No he olvidado. Ni a quien dejó partir al habitante de mi vientre, ni a quien me hizo sabor almendra, ni a quien me enseñó que las iglesias pueden ser lugares para admirar la ambición de los mortales. Tampoco a quien está.

Aunque de hecho, me pregunto si en realidad, ahora, aquí, yo estoy.


martes, 9 de septiembre de 2008

¿Quién dijo que todo está perdido?


A veces nos cuesta trabajo entender cuál será la consecuencia de tropiezos, trastabilleos, caídas, desgana y rundición. Entendemos por vida el único acto de respirar y nos sabemos presentes únicamente por instinto de conservación. De pronto abrimos los ojos y ahí está, quietecita, mirándonos sin reproche por hacerla esperar, diminuta porque necesita que la alimentemos, la plenitud.


Plenamente capaces, dispuestos, felices.


Y oh sí, mis dos lectores queridos (que espero sigan siendo dos porque ya sólo me ha escrito uno), me empiezo a dar tinta de que he llegado hasta aquí, hoy, martes de Marte, dibujando girasoles a brochazos de puritito gusto. Con sabor a verdad, a complicidad, a luz... A colores.


(A lo lejos, alguien canta: "Sin oraciones quisiera pedir, si hay otras vidas que seas para mí, que no dejes de cuidar nuestro huerto, que la malva crezca como amuleto...". Es el Alejandro Santiago. Llega y se instala junto a mí para decirme que oh sí, hay vida mucho más allá de las canciones desamorescas que estoy acostumbrada a cantar en pose de Paquita la del Barrio)


Qué quieren, hoy amanecí sin pasado. Sólo con el buen sabor en la piel y el alma de saber que valió la pena cada paso para encontrarme con todo y pie enyesado en el punto que me trae hasta aquí. Con la mitad del corazón en un rinconcito de palma, y la otra mitad esperando a la vuelta de la Juan Antonio de la Fuente. Van a decir que si me drogué porque no me entienden un carajo. Perdón, lectores. Hoy quise escribir a puro localismo...


Espero las cerezas!!!