martes 23 de junio de 2009

Cómo amamos a quien amamos


Hay momentos en los que es en verdad duro despedirse de un buen amigo. Dejarlo ir, porque debe descansar, porque está agotado y ya nos amó durante toda su vida, nos demostró golpe a golpe y verso a verso lo que alguien puede sentir por nosotros y con cuánto gusto pueden darnos la bienvenida después de regresar de la universidad, de una marcha, de un día con lluvia en la calle o en el corazón.


Entonces él llegaba y se instalaba en la cama. Disponía de su cuerpo y entregaba toda su alma para que yo abriera la mía y con caricias, con besos o con abrazos el bálsamo de su cariño curara las heridas que la vida me hiciera para después poder decir con poco orgullo y mucha esperanza que las cicatrices nunca han conseguido deformar la sintonía que aún tiene mi corazón: un tango arrabalero y chaquetero, pero que ama y bien cada bocanada de aire fresco que me dispone el destino (...Caminante no hay camino, sino estelas en la mar...).


Su nombre era, quiero decir, sigue siendo, Archivaldo Cochipuerco Pineda Luna. Hijo natural de esta Albanta que le vio desde hace dieciséis años en una veterinaria. Igual que ella, lucía perdido entre tanto cócker spaniel bonito: él, en cambio, tenía la dentadura fatal, una hernia y su madre (la que lo trajo al mundo) le había mordido el párpado dejándole inservible el ojo izquierdo para lo que le quedara de vida. Así que inmediatamente me decidí por ese, ese, ese... En cuanto lo presenté a la familia, mi hermano alzó la voz y dijo "lo peor del caso es que si así escoge la mascota, cómo elegirá al novio...". Anyway.


El domingo pasado Archie se fue. Ya estaba muy cansado y en realidad, llevaba más de dos años padeciendo un cáncer que soportó con estoicismo y por el puro cariño que le tenía a la familia. Los últimos días no quiso comer y se le reventó un tumor interno, así que mi padre (que muy probablemente sea de los pocos humanos que le conceden la importancia que tienen a los seres vivos en general) comprendió que ya había llegado la hora. No me dijeron nada: todos saben perfectamente que mi complejo de Magdalena no sabe de fortalezas.


Así que no, en realidad no lo he tomado con filosofía. En realidad me duele un chingo su partida y en realidad sé que lo voy a extrañar mucho, pero también sé que lo amé infinitamente como sólo se puede amar a alguien que tenía el corazón tan grande que no le cabía en el cuerpo. Hasta que le estalló de amor el domingo. Que buenos cielos te cobijen, Archie de sololoy.

lunes 8 de junio de 2009

A él no le gustas tanto...





Drew Barrimore. Una de mis actrices favoritas ¿saben? Un sábado en la madrugada, el dueño de mis quincenas, unas chelas y la opción de varias películas. Ok, gané yo y la pusimos. En realidad, cuando terminó, creo que ganamos los dos. A los treinta y tantos años, hablar de relaciones sanas, autodestructivas, compromiso o fidelidad, créanme, resulta espinudo y espeluznante. De pronto nos damos cuenta que no es otra película acerca de las relaciones-amorosas-occidentales, sino, más bien... ehm... se trata... pues de las relaciones-amorosas-occidentales, de hecho. ¿Y qué? Nadie dijo que ser cursi fuera malo, tampoco que ver una película con Jennifer Aniston y Ben Affleck pudiera alterar alguna de mis neuronas o bajar mi IQ ¿cierto?


Bueno, en realidad y sin pena puedo asegurarles que sí que sí, es una película para disfrutar, para pensar y para decidir qué pieza del rompecabezas debemos ser... O si debemos ser una pieza del rompecabezas.


Me quedo con la historia de Jennifer y de Gigi. Siempre quise ser la excepción, y no la regla. Es decir, tal ves después de tanto madreamiento emocional, el sábado seis de junio de dos mil nueve, sentada junto al dueño de mis anoréxicos pagos pude entender, y créanmelo, que a fin de cuentas, siempre, Siempre, SIEMPRE, habrá que creer. Y creer es esperar, y con la espera viene la bienvenida. Y de pronto, ya está aquí.


Chale, no supe explicar la película porque terminé contando mi vida, por eso mejor les dejo unas probaditas y mi amplia, aunque no sabia, debo confesar, recomendación para que si la encuentran con su pirata de confianza, la compren. Y claro, la vean, digo yo...



Y después de mucho pensarlo...


Ya tomé la decisión... Y si quieren saber por qué, ahí está:


¿Otro más? Ok, ahí les va:

Lydia Cacho
Mi voto en blanco


La gran mayoría de personas con credencial electoral hemos pasado los últimos dos meses preguntándonos y debatiendo qué hacer con nuestro voto. Las y los políticos por su parte han montado un circo espectacular; la credibilidad de quienes conforman el aparato del Estado ha llegado a su límite y va sin duda alguna hacia una estrepitosa caída. Es por ello que todos los partidos han elegido la mercadotecnia de la fama y el nombre para cooptar votos. Vemos carteles de deportistas, modelos, boxeadores, escritoras, bailarinas, corruptos cantantes de música cristiana, hijos de multimillonarios harineros, jefes de noticias de monopolios televisivos; todos ellos prometiendo honestidad y efectividad. El tratamiento que los partidos nos están dando como sociedad al elegir a sus candidatos es el de imbéciles. El insulto no podía ser mayor. El PRI y el PAN se coluden para ganar a costa de los derechos de las mujeres, el PRI y el PRD se hermanan y venden candidaturas en los estados; el caos es intencional, no casual.


México está viviendo un periodo negro. La delincuencia, dice Ernesto López Portillo, se ha convertido en una forma de vida, se ha masificado el mercado de la ilegalidad. El país celebró el cambio de partido en el poder y ahora entendemos que al desmoronarse el régimen experto en administrar el crimen la violencia y la ilegalidad, éstas se masificaron y quedaron fuera de control. De la mano de ese hecho político, está el fortalecimiento de políticas que favorecen a los ricos y excluyen a los pobres. El Estado no está capacitado para imponer la ley. Lo que sigue igual que antes es la falta de transparencia en todas las áreas de la vida política. Mientras las y los periodistas arrojamos luz sobre las élites en el poder causantes de la descomposición del país, la sociedad se indigna y las élites se ríen, las televisoras se coluden con las élites y los partidos nos dicen que vivimos en un sistema político en el cual mandan las mayorías: una democracia. Si no fuera indigno causaría risa.


En la medida en que los partidos pongan en los congresos a sus operadores, a personas famosas, ignorantes del manejo de los mecanismos del poder y la política, desconocedoras de las leyes y sus vericuetos, las élites corruptas que controlan el poder, tendrán mayor éxito en su empresa de fortalecer el pacto de impunidad que tiene paralizado al país. El voto forzado a lo “menos peor” es el peor de los votos. Que las buenas escritoras escriban, que los deportistas ganen medallas, que los cantantes canten, que las televisoras engañen desde su propio espacio, pero que no monten el teatro de la democracia.


Por esas razones y otras más yo dejaré mi voto en blanco. Aunque no exista la figura jurídica del voto en blanco, aunque los partidos digan que salieron nulos, ellos sabrán muy bien que el mensaje es: no soy tu cómplice, no me engañas, no me usas, tus candidatos no me representan. El abstencionismo es abulia, el voto en blanco es una acción ciudadana, un acto de libertad, una rebelión pacífica, un acto de congruencia, un acto de civismo.

(Para más información púchenle http://www.eluniversal.com.mx/columnas/78474.html )

martes 19 de mayo de 2009

Para vos, un cielo latinoamericano, Benedetti...


CHINGAO, HOY ME DUELEN LAS LETRAS!!!


Don Mario, que buenos cielos lo cobijen, y que toda la eternidad le sea primavera. Esta vez, sin una esquina rota...

viernes 15 de mayo de 2009

Ojalá que llueva café...


Buenos y lluviosos días, mis queri-dos lectores apapachadores que todo lo pueden y me hacen sentir querida y requeridota. Por eso uno amanece contentota. Ash!


Ehm... En realidad, por eso y porque ya el sol se está ocultando, los días grises comienzan a hacer su aparición y le precederán los fríos, las lluvias, y todas esas cosas que a esta Albanta pintada de turquesa-sergiana le encantan. ¿Cómo... Acaso alguno de ustedes tiene algo contra este clima? Sí, bueno, los deslaves, claro, también el tráfico asqueroso, y qué decir de las inundaciones, la flojera, llegamos tarde a todos lados, nos alaciamos el MALDITO Y ASQUEROSO PELO Y SI NOS MOJAMOS YA SE CHINGÓ EL ASUNTO, SE NOS ESPONJA EMULANDO A LA PANTERA ROSA SALIENDO DE LA SECADORA... Ok, miren, les voy a dar aquí una lista de razones por las que, a mí, me parece que esta es una de las temporadas más súper duper ulta sensacionalísimas que puede haber:


-Uno se trepa al STC (ah qué mamerta, bueno, al micro), se enchufa sus audífonos (preferentemente en los oídos, pero ya depende del gusto de cada quien :P) y vamos viendo cómo la selva asfáltica se mueve desde el otro lado de nuestra ventana. Dicho de otra forma; qué bonito es ver llover y no mojarse, chingao.


-Amanecemos con esa pinche anti-sensualidad que nos entrega las seis cuarenta y cinco de la mañana. Nos apretujamos junto al dueño/a de nuestras quincenas. Su calorcito nos conforta. Afortunadamente para nosotros, el dueño/a de nuestras quincenas está más dormido que nosotros, por lo que no alcanza a ver el monstruo que tiene al lado, así que podemos dejarnos apapachar bien agustín. Cerramos los ojos. ¡Puta madre, yo no sabía que eso era estar en el cielo! Dispensen ustedes, pero a lo más que había llegado era dormir con mi gata y un perro de peluche.


-Tomamos café, fumamos tranquilamente (bueno, es mi caso, si ustedes son muy pinche sanos no saben lo que se pierden) mientras pongo a todo lo que da una buena rola (ahora suena Me gusta estar al lado del camino, fumando el humo mientras todo pasa, me gusta abrir los ojos y estar vivo, tener que vérmelas con la resaca... Ohhhhhhhh por Dios, Fito Páez es la pura sabrosura). Así es como se debe trabajar un viernes: haciéndose pendejos :D


-Francamente ¿a quién no le gustaría volver a brincotear encima de los charcos y mojar a cuanto incauto se atravesara en el camino? ¿No sería una belleza que quien pasara estuviera vestido de blanco?


-Ok, les cambio el café y el tabaco por un chocolatito caliente y churros (de los que se comen, no de los que se fuman, chingao) ¿les late más la idea?


-Hay veces, cuando nos sentimos desubicados, felices o tristes, y prestamos un segundo de atención, de pronto el golpeteo de la lluvia en nuestra ventana, nos hace saber que por fuerte que sea la tormenta, nunca estaremos solos.


Pues contrariando mis ganas de seguir chacoteando con ustedes, dispóngome a trabajar. Porque sí, hoy planeaba reportarme enferma y disfrutar de la lluvia y del día nublado acostadita y comiendo arrocito con leche (si sigo así me voy a poner como ballenita), hasta que una voz sospechosa y nada desinteresada retumbó en mi conciencia y me hizo saber que tenía un motivo de peso, de varios pesos, para presentarme en la oficina: es quincena. Pusyaqué.


jueves 14 de mayo de 2009

Buenos días, señorita giraluna!!!


Despierto azulada y a-su-lado. Seis cuarenta. Otro ratito por favor. Seis cuarenta y cinco. Un rato más, me baño en la noche. Siete de la mañana. Me lleva la chingada, cuáles siete de la mañana, son siete y diez, ni porque tengo dos despertadores... Ok, no hay tiempo de alaciarse el pelo, así que un chongo zamorano, paso a hojalatería y pintura, afinación y balanceo, enciendo agüita pa' café, y en menos de lo que canta un gallo afónico y tartamudo, ya está lista la bandeja con una rebanada de pastel de elote (yomi yomi) que llevo como mucama de casa VIP hasta la cama del dueño de mis escuálidas pero bienganadas quincenas que reposa en estado onírico, cual angelito, róncale que róncale, como si apenas fueran las dos de la mañana. Chingao, nomás por verlo dormir como si no le debiéramos a Electra ni a Telmex, vale la pena vivir.



Ok, desayunamos, nos vestimos, nos movemos, nos vamos. Un beso, dos besos, tres besos y nos despedimos con la bendición que hace de cada día más que una razón, un motivo. Y para quien diga que es lo mismo, mis dos lectores queridos y jamás abandonados, se equivocan. Una razón parte de la mente y llega a su interlocutor. Un motivo parte desde el alma y se funde con el universo. Bueno, pues agarro vuelo y emprendo mi camino hacia la Diana Cazadora, enciendo mi música, y Sabina me dispara a todo lo que puede (y vaya que puede) junto con la mano de Serrat. Yo me dejo apapachar mientras sorteamos carros, contaminación, comerciantes, el solazo que amenaza con hacer más pinche fuerte mi dolor de cabeza que me tiene amachincuepada desde ayer, y de repente, como no queriendo, miro el reloj. Ocho cincuenta y cinco. Putamadre. Me la van a armar de emoción. No llego, me cae que no llego. Sí, cómo chingados no, responde mi lado positivo (ya tengo un lado positivo, no van ustedes a creerlo), hasta para pasar por cigarros nos va a dar tiempo. Cámara, tú sacas los polvos flu y yo me los echo y digo ¡Lerma 300-1! les respondo encabronada (Para los que no han visto ni leído Harry Potter, investiguen qué son los polvos flu ¿quieren?). Pues sin polvos, ni los de mi casa que se cae de puerca, ni los que usa Maradona para matar con la nariz un perico, pero tómala, que llego a la tienda a las nueve con siete minutos. Puf puf. Sí paso por mis Marlboro, primero fumare, después laborare. En suma: me vale madres.



Pienso en la música mientras camino los pasos que me separan de la puerta a mi escritorio. Pienso en cuántas ganas tengo del primer café del día mientras dan las doce y es el turno de tomar mi descanso y preparármelo, echarme un cigarrín y disfrutar lo que se tenga que disfrutar, que para qué hacerle al cuento, es todo lo que tengo. Pienso en Toño, mi amigo que ya no está desde hace casi dos años y en su voz que aún hace eco en estas paredes que lo cuidaron tanto durante más de veinte años. Pienso en una pecera que tiene que ser comprada antes del sábado para alguien que merece el mejor regalo del mundo. Pienso en quien será el dueño de la pecera. Pienso entonces en quien duerme conmigo y me llama cada día para decirme de la manera que se le ocurra que está, que asombrosamente, inexplicablemente, pero no inesperadamente, porque lo esperé durante años, y quizá durante muchas, muchas vidas, llegó para decirme que sí, que era él.



Es decir, pienso en Sergio (Cortázar dice mientras juega la Rayuela: Ándabamos sin buscarnos sabiendo que andábamos para encontrarnos)



Y lo invoco, porque entonces recibo un mensaje de él. Yo ando en chinga escribiendo correos y buscando un recibo de agua que me pidieron. Estoy bajo arraigo domiciliario esperando una notificación de una señora que tiene tres nombres. Chale. Harto trabajo, pero también me he impuesto el firme pero sustancioso propósito de escribir aunque no tenga nada que escribir, por aquello de que uno luego deja de hacerlo y ya cuando quiere no tiene ni idea de por dónde chingados comenzar. En realidad no he parado. Sí he seguido escribiendo, pero por razones que incluso para mí resultan desconocidas, empecé a hacerlo a mano, igual por nostalgia, por comodidad o porque francamente se me dio mi rechingada gana.



¿Que si los extrañé, oh adora-dos lectores? Pero porrrrrrsupollo que sí. Ánimas y aún sigan por aquí, que si ya se me fueron al blog de la Fernanda Tapia, sabrá Dios qué voy a hacer sin ustedes. Ustedes tranquilos, aquí no hay PANdemias, lo único porcino y aviar que puede haber, son unos huevos con jamón. Ya hablaremos de eso en próxima ocasión, denme chance que acabo de llegar y apenas me voy acomodando...

miércoles 13 de mayo de 2009

Te escribo, Sergio




Te escribo, Sergio
desde la soledad
del mediodía asoleado y desnudo
mientras azota el viento
y estoy, gatunamente,
enrollada en la cama
donde anoche te quise y me quisiste
entre tiempos, sonrisas y misterios.


Va quedando lejano
el mundo que existía antes de conocerte
y va naciendo un nido de palabras y besos,
un nido tembloroso de miedo y esperanza
donde a veces me siento retozando entre trinos,
y otras veces me asusto,
abro los ojos y me quedo quieta,
pensando en este panal de miel
que estamos explorando,
como un hermoso, hipnotizante laberinto,
donde no hay piedritas blancas,
ni mágicos hilos
que nos enseñen el camino de regreso.
El poema es de Gioconda Belli, la imagen es de www.mientrasteesperaba.blogspot.com y mi corazón... ese sabes que es tuyo.

miércoles 29 de abril de 2009

Sálvate, Benedetti!!!

Hay hombres que luchan un día y son buenos.
Hay otros que luchan un año y son mejores.
Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos.
Pero hay los que luchan toda la vida:
esos son los imprescindibles.
Bertolt Brecht


No importa si Benedetti es, para algunos cuadrados de la literatura, un poeta sencillo. Quizá para mí, lo que importa en él es que a cada paso, con cada estrofa, en cada línea, ha cumplido su cometido: ser amado. Hoy, a esta hora, en algún hospital del mundo, Mario Benedetti sufre un dolor crónico del cuerpo, que es de lo que menos debería sufrir un poeta. Ochenta y nueve años no son suficientes (no para mí) para dejar constancia con frases llenas de amor -...Porque has venido a recoger tu imagen, y eres mejor que todas tus imágenes...-, en guiños religiosos que no esconden otra cosa salvo preguntas que no han obtenido respuesta celestial

-...Padre nuestro que estás en el exilio/ casi nunca te acuerdas de los míos/ de todos modos dondequiera que estés/ santificado sea tu nombre...-, en despedidas voluntarias e involuntarias que, como diría Sabina, no maquillan un hasta luego -...Te marchas tan pobre y me dejas tan rico...- o quizá la frase sarcástica que intenta redimir a los dictadores: -Un torturador no se redime suicidándose, pero algo es algo...-.


Sí. La verdad es que estoy enamorada de la sencillez de un hombre que en horas de oficina le robaba el tiempo a un memorándum y escribía un poema, apuraba los pasos de una hoja contable para terminar un cuento (con sabor a poesía) y todavía le quedaba tiempo para salir al mundo y no sólo enterarse, sino participar de él. Es por eso que Defensa de la alegría, Por qué cantamos, Chau pesimismo, y sobre todas las cosas No te salves, han sido parte no suplementaria, sino imprescindible de mi medicamento para día a día, golpe a golpe y verso a verso, respirar (con influenza o sin ella) y justificar mi paso por la palabra. Porque no me sabría sin la de Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno.


En tierra mexicana las cosas no están muy bien. Pero ya otros se ocupan de hablar de ello. Yo, hoy, me ocupo de encender una vela y elevar una oración hasta el cielo, de enviar gran parte de mi alma y de decirle a mi poeta de cabecera que en estos días no, por favor, no se quede inmóvil y al borde del camino.


NO TE SALVES


No te quedes inmóvil al borde del camino
no congeles el júbilo no quieras con desgana
no te salves ahora ni nunca.
No te salves, no te llenes de calma.
No reserves del mundo sólo un rincón tranquilo
no dejes caer lo párpados pesados como juicios
no te quedes sin labios no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre no te juzgues sin tiempo.

Pero si pese a todo no puedes evitarlo
y congelas el jubilo y quieres con desgana
y te salvas ahora y te llenas de calma
y reservas del mundo sólo un rincón tranquilo

y dejas caer los párpados pesados como juicios
y te secas sin labios y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo

domingo 11 de enero de 2009

Para continuar y no claudicar

No importa... Sólo es bueno que de vez en cuando pases...

Las amorosas


También las amorosas estamos solas, solas, solas.

Es poco recurrente que la soledad pueda abatirme. La he vivido (aunque parezca lo contrario) desde niña, y podría sonar contradictorio pero me parece que no es mala compañía. Ya me lo decía Alberto Cortés: "Cuando te falte un amigo o un perro con quien hablar, mira hacia adentro y contigo haz de poder conversar". Yo le creí desde el principio.

Entonces llegó un momento, hace no muchos días, en el que me temí vivir sola el resto de mi vida (tranquilos, mis dos queridos lectores, tampoco faltan tantos años como para que digan que es innecesario ese miedo): Sé que estoy en un estado contemplativo en el que don Jaime Sabines no ayuda mucho, ni las canciones de Aute, pero yo insisto y leo y escucho. Miro hacia un lado y hacia el otro. Tengo frío. Necesito un abrazo. No un apapacho filial y tampoco una caricia erótica. Sólo un abrazo. (Se instala Aute con su rola No sé qué coño me pasa hoy. 'Yo tampoco', respondo seriamente afectada por la ingratitud de su melancolía). Fumo y tomo Rivotril: Hoy cumplo cuatro días sin dormir y no festejé con pastel. No había motivo: he estado enferma, he tenido mucho trabajo y murió un tío muy, muy querido. Entre las ocupaciones y las preocupaciones ya el whisky no me hace ni cosquillas.

Cambio de medicamento. Subí de peso, luego bajé, luego subí.
Mi doctor no entendió las cuarenta mil veces que le supliqué esetratamientonoporquememadreatoda. Él insistió y dio como resultado que ahora me tengan que hacer nuevos estudios y se pregunten entre seis especialistas qué carajos me van a dar ahora.

De repente, me detengo. ¿Amorosa, Azul? Bueno, de alguna manera... Sola, a favor de los milagros y los sueños bien vividos. Entonces pienso que los muertos deben sentir frío, pero aún no estoy descansando en paz. Y no, sin embargo, tampoco me muevo. No por hoy. ¿Será la cuesta emocional de enero? ¿Será que ya la cama se me hace infernalmente enorme y no consigo llenarla con esperanza? ¿Será que me cansé de platicar y decidí estrellarme en la realidad de que sólo hay mesa para una?

El corazón no late tan fuerte ahora. Era más sencillo equivocarme con gente que engañaba aún cuando no consiguiera engañarme a mí, con gente que me llamaba sólo cuando recordaba que había alguien que nunca tenía un rotundo no como rotunda respuesta. Pero ahora no tengo ganas de algo sencillo. Últimamente he estado muy imprecisa pero con un vestigio determinante de que en verdad, quiero volver a tener un estado de gracia en el que, como hace algunos años, mi inocencia escondida me decía que ya estaba aquí. Que pude dormir acompañada sin que ningún ruido me asustara, convencida de que si el mundo se decidía por fin a terminarse, yo estaría en los brazos certeros de quien me cobijaba mucho más de lo que ahora intentan hacerlo tres cobertores y una sábana.

Disculparán lectores, pero hoy amanezco -porque son las tres con veinte- bastante azul pálida. Triste, pa' que me entiendan los que no saben de matices.

Las amorosas callamos del alma, que no de la palabra...

Uff! Por fin está haciendo sus estragos el Rivotril y parece que me obedecerá y podré encaminarme hacia la cama, la cama enorme, la que también está sola, sola, sola. ¿Quién dijo que no podría soñar sin dormir? Quiero decir, haré el esfuerzo y entonces cerraré los ojos para que la oscuridad me aclare el corazón.

miércoles 7 de enero de 2009

El dueño de la herida...


"¿Quién es el dueño de una carta: el remitente, o el destinatario?
Acaso
el correo en su trayecto al menos.
¿Quién es el dueño de la herida: el que la causa, o el que la padece?
¿No son caras los dos de una misma moneda? O quizá el dueño es el sentimiento que les clava su dardo.
Quien ama, quien es amado y el amor: ese arquero que los llaga a ambos, ese puente levadizo en que se encuentran y se desencuentran...
El dueño de la herida es el verdugo y es la víctima; es el idólatra y es su ídolo; pero, sobre todo, aquello que los vincula o los enfrenta, sea cual sea su nombre.
Porque hay amores que no saben el suyo verdadero...".


Antonio Gala
(ENFERMA-ENFERMA-ENFERMA-ENFERMA-ENFERMA-ENFERMA)

martes 6 de enero de 2009

Todos tenemos un karma


El mío se llama Diablo Guardián. Algunas veces, cuando se porta bien y me molesta muchísimo, le digo Rarito. En ocasiones, cuando ya no me molesta sino me jode, le digo Raro. Y pocas veces, Extraño. Ahora él está trabajando. Conectado, pero en el trabajo que puede distraerle aunque sea un poco, como a mí, de tanta mierda que hay afuera de las palabras escritas.

No sospechaba que un karma pudiera hacer tanto bien. Es decir, sé que a veces me incomoda y tiene ese don sospechoso y esquivo de llegar y atreverse a reir... Es ahí cuando las cosas se ponen solitas en su lugar y todo adquiere una lógica auténtica, certera, clara. Otras, cuando su depresión lo come y entonces él se vuelve de humo y güisqui -recién aprobado por la RAE-, pues tengo que hacer lo propio y disolverme poco a poco, con Marlboro y Johny Walker, no para que se sienta acompañado. Él no quiere estar acompañado. Ni siquiera para que sienta. Tal vez para que sepa que tiene la maldita facilidad de acondicionarme un trozo de su tristeza y hacerme pasar a ella hasta que me inunde y pueda explicarme desde su retorcida alma (que la tiene, lo crea o no) todo el universo y la constelación de esperanzas que me hacen seguir en pie, aunque, citando a Silvio, sin Rey Mago.

Mi karma es así: un extraño más y un desconocido menos. Un hombre sabor a almendra que nunca se fue y que siempre ha vuelto. Porque oh sí, los karmas tienen sabor. Además, pocas veces, pero son premios, sabe hacer una mueca que es muy parecida a una sonrisa. En realidad su sarcasmo es la única forma que tiene de hacerme saber de qué humor se encuentra. Porque cuando nos lleva la purititita chingada, se desdibuja y habla con propiedad. Un karma también sabe hablar con propiedad.

¿Y cómo le dices a un karma que lo quieres mucho, que no sabes ni quieres saber porque cuando sabes se pierde el efecto que ya se tiene casi acordado de no decirse nada bonito porque entonces ya deja de ser karma y se convierte en bendición? Ya me trabé. Todo es hablar de cosas buenas y uno se apendeja.

Tal vez convenga no decírselo. Uno nunca sabe cuándo los karmas están de ánimo para escuchar cosas buenas. Pero como sé que no me leerá, no de momento, puedo decir lo que yo quiera, además, muy mi blog y es el primer escrito de este año. Así que puedo ¿verdad?

Ay karma... Es como que te asentaste y entonces fue volver a respirar. Es decir, no porque cambiara algo, porque ha cambiado tanto que no vale la pena hacer recuentos vanos. Es sólo el hecho de hablar con alguien y saber que ahí está, entendiéndome, molestándome, retándome, acompañándome. Y eso, Rarito, es lo que no tiene punto de partida ni de llegada para retribuirse. Que tengas las bendiciones necesarias e innecesarias. Que todos los astros puedan alinearse y hacer de ti un... un karma feliz. Para que yo, desde mi melancohólica guarida azulesca, pueda asomar y de reojo saberme feliz también.

Sí, mucha querencia. De la buena, que no pide excusa ni pretexto.


¿Por qué hoy? Bueno, digamos que es parte de lo que los Reyes te dejaron por aquí. Y porque no sabía de qué forma poder estar ahí. Así que encontré esta.
¿Por qué a ti? Eso quisiera saber... Pero ¿quién dijo que los ángeles caídos no son una bendición?

P. D.- Yo creo, y si tú crees... Habrá que creer. ¿Qué cosa fuera la maza sin cantera?

jueves 1 de enero de 2009

2009


Bueno, pues iniciémoslo... ¿Les parece?

jueves 11 de diciembre de 2008

¡Fantasma!




Ya no te tengo miedo.
Ya puedo decir tu
nombre: Shrek,
Manfredo,
Ornitorrinco,
Nicko,
Corazón Coraza,
Nicolás, Clown, mi ogro favorito. El pedazo de vida que llegó y se marchó llevándose todo lo que servía, aún cuando a él no le sirviera para nada. ¿Qué dice usted, señor Nicolás Alfredo (te caga que te hable así), si le dijera, con MAYÚSCULAS DISONANTES, el odio que te tengo, la necesidad de verte llorar como te vi dos veces, como te quité el llanto con mi cuerpo, quitándome la ropa y haciéndote el amor para que pararan tus lágrimas, para que se detuviera tu dolor y al penetrarme lo dejaras en mí, pero que se fuera de una buena y puta vez de ti. ¿Cómo lo iba a conseguir, Nicolás Alfredo (jajaja) si el dolor no era sólo dolor, era un cáncer que te carcomía las entrañas, que te punzaba, que sólo desaparecía cuando le escupías al otro tus esporas envenenadas? ¿No te bastó con perder un hijo y no volverme a ver? ¿No quedaste satisfecho con irte y llamarme sólo cuando ya no era necesidad sino alarmante ansiedad el escuchar mi voz? ¿Por qué me sigues? ¿Para qué me sigues? ¿Para que cumpla la promesa -en tres años, Nicolás, en tres años- de decirte lo que, chingada madre, eres? ¿Crees que me emociona verte aparecer en mi Hi5, en SpaceLive, aquí, que seguramente sé que llegarás? ¿Realmente crees que disfruto con las lágrimas derramadas en cada intento fallido de olvidarte? No ya tu voz, Nicolás Alfredo (sólo un ja), no tus abrazos, tus caricias ni tus manos... Ni tus labios. Esos los olvidé juntó con un mameluco azul y un útero desgarrado. No olvidó que amé. Que quiero volver a amar. Que algún día, por alto que sea, volaré, y sin importarme los riesgos, amaré. Amaré hasta que me canse, hasta que me envicie, hasta que me desgarre, hasta que me muera.



Tú ya no existes. Hoy te despedí, fantasma ingrato. Hoy te digo adiós porque jamás había sido así tan clara. Porque hablé de todo lo que te amé, que no de todo lo que te odié (¿odio?).



NO. TODO EN PASADO. TÚ TE VAS EN ESTE INSTANTE. Te despido con un whisky y el último Marlboro de la noche.






¿GUSTAS?

miércoles 10 de diciembre de 2008

Des-encuentros





Ahora
en esta hora inocente
yo y la que fui nos sentamos
en el umbral de mi mirada...
Alejandra Pizarnik



¿Siempre igual, Azul? Te mueves liviana para que nadie note la insoportable carga de no encontrar. Buscas a destiempo, alivias dolores ajenos, resuelves problemas existenciales y no tienes una fecha exacta que te diga cuándo, en verdad, CUÁNDO carajos llegará y se instalará. Has sido etiquetada, anhelada, soñada, cantada y reposada. ¿Tienes la certeza de ser amada?


---------Lo QUE es MÁS... ¿TIENE la CERTEZA de AMAR?---------


-No, su Señoría. Amó pocas veces, pero las suficientes para saber que un día se fueron y desvalijaron su esperanza, Señoría, miembros del Jurado, ellas no tienen por qué estar aquí. Búsquenlos e interróguelos para que sepan, que sepan bien cuánto y hasta dónde fueron capaces...


---------¿De CORRER... de HUIR... de MORIRSE sin MORIR?---------


-Nunca corrieron, Señoría. Mire sus pasos. Cuéntelos. Siempre han sido lentos, sin armonía. ¿Huir dice usted, Señoría? ¿A dónde? si el recuerdo es de lo único que nunca se han podido esconder. ¿Morirse? Sí. Tal vez en su momento, por muchas noches, cuando el dolor era tan pero tan profundo que en vez de lastimar adormeció el alma y entonces se despertó en Azul. No en Verónica.


----¿QUIÉN es AZUL, QUIÉN es VERÓNICA, por QUÉ no LAS dejas LIBRES?----


-Azul nació para proteger a Verónica. Tan lastimada, la pobre. Ya no creía en ella. Le habían robado todo: la esperanza, las lágrimas, el hijo que llevaba en su vientre y del que nunca ha querido hablar, Señoría. Y es que ya no alcanzaban medicamentos, porque lo suyo no era un mal común. Era un mal que la desgarraba, por partes, sin morfina, que quemaba y que dejaba cicatrices. Entonces, Señoría, Azul la cuidó como quien cuida una flor a punto de morir, pero con la ilusión de que renaciera en tierra nueva. Y Verónica en agradecimiento, cuando pudo por fin saber dónde estaba, por qué estaba y lo peor, que aún estaba, intentó devolverle el favor a Azul. Le permitió ser ella. Ser fuerte. Ser Azul. Ser.


---------COMPRENDERÁ entonces QUE estamos PERDIENDO el TIEMPO---------


-Sí Señoría. Desde un principio lo dije. No puedo ser juez y parte en un asunto así. Se han encontrado y se han vuelto a despedir. Y es que el amor no se les da muy bien, ¿sabe usted? Como que Azul y Verónica tienen cierto chip -o genética, vaya usted a saber- para alejar todo lo bueno. Como dice Calamaro -¿lo conoce, Señoría?- "Puedo presumir de poco, porque todo lo que toco se rompe". Así les pasa. Son amorosas, y ya Sabines las maldijo: Están solas, solas, solas...


--COMPRENDERÁ usted QUE por LO menos MERECEN una LLAMADA de ATENCIÓN--


-Pero Señor, ¿qué más llamada de atención quiere? Si no hay un momento del día en que, trabajando, haciendo su programa de radio, viendo Dr. House -que les fascina, Señoría- o leyendo a Bukowski, de pronto cubren sus ojos abiertos y piensan cuándo será la hora, qué día será el indicado, para decir, una vez más, Te amo. Señoría, creo que habría que ingresar una contrademanda. El amor apesta, lo han dicho mis clientes. Y sospecho que tienen razón. Yo misma, hablando en tercera persona, siento la necesidad -la necedad, Señoría- de abrazarlas y prometerles lo que, sin embargo, no puedo: Solicitan amor. No del que caduca, ¡por el amor de Dios! Bueno, el amor de Dios se supone que no caduca. Sólo intentan encontrar un vestigio, una señal directa, exacta, INDISPENSABLE, para entender que sí, que tal vez... Y sólo tal vez...


---Estoy DE ACUERDO con USTED: Tal VEZ y SÓLO tal VEZ les SEA concedido---



domingo 30 de noviembre de 2008

Lo prometido es deuda:


Mi pastel de 31 años!!! Ya contaré la historia...

Y uno de los regalos fue...


No se asusten si uso algún cometa mágico,
si colecciono perros en la acera,
si dulcemente arranco el caos de mi entraña;
no se asusten: estoy sin tiempo para tumbas,
ardo y me corono con un naipe.
No se asusten por nada: simplemente recibo un heliotropo.

Adiós Adiós, locura de mis treinta años,
besado en julio bajo luna llena
al tiempo de la herida y la azucena.
Adiós, mi venda de taparme daños.
Adiós, mi excusa, mi desorden bello,
mi alarma tierna, mi ignorante fruta
estrella transitoria que se enluta,
esperanza de todo por mi cuello.

Adiós, muchacho de la cita corta;
adiós, pequeña ayuda de mi aorta,
tristísimo juguete violentado.
Adiós, verde placer, falso delito;
adiós, sin una queja, sin un grito.
Adiós, mi sueño nunca abandonado.

Carilda Oliver
Y un millón de gracias para ti, Alondra.

miércoles 26 de noviembre de 2008

Treinta años tenía Martina...


Dentro de cuarenta y nueve minutos, dejo de cumplir treinta años. Apenas me entero que tengo casi la edad de Heidi, Garfield, la desaparición de tantos jóvenes en la plaza de Mayo, la muerte de Elvis, inicio de la música disco, el inicio de Star Wars... bueno, ya no le sigo porque entonces deja de ser mi celebración.


Tengo que estar despierta para las doce de la noche. Encenderé una vela que, sin pastel, tendrá todos los deseos que guardo para que los próximos 365 días mi vida sea una constante de suspiros, sorpresas bienaventuradas, caminos por descubrir y con la mochila muy, muy ligera por si hay que descansar en el viaje.


No sé qué me espera este día. Ni mañana, ni siquiera tengo ganas de averiguarlo. Me siento bien, con ánimo de continuar, y esta palabra que lleva desvelos, hematomas emocionales y algunos raspones del alma no se cansa de agradecerles, a todos los que me leen, silenciosos o no, el pasar por aquí y detenerse para darle color a los desvaríos de esta Albanta que hoy anochece con treinta años y amanecerá con treinta y uno, pero siempre, siempre, en Azul. ¡Cómo de que no!


He dicho. Las últimas palabras de una -casi- recién estrenada treintañera. Una edad perfecta para comenzar, recomenzar y continuar si se tiene toda la fe del universo para que sea él quien me ayude con lo que soy y con lo que espero ser.


Feliz cumpleaños, Verónica Pineda.


P.D.- Mañana les presumo mi pastel cumpleañero.

sábado 22 de noviembre de 2008

Despedida...


Hace más de cinco años mi casa estaba asolada, desolada y con un aire de abandono que no podría llamarse del todo hogar. Igual que mi corazón. O hipotálamo, según se vea. El papá de Selene se había marchado llevándose con él, además de los años juntos, los sueños inconclusos e incluso, un poquito de la vejez planeada. Tiré la sala. En donde debía haber un lugar cómodo, sólo existía un vacío de muebles y de alma. Entonces Luis Antonio, un gran amigo que me salvó de muchos domingos incómodos, me regaló una sala. Debo decir, mis dos apreciables lectores, que quizá sea este el motivo por el que tanto amo mi casa: porque cada lugar está lleno de regalos de la gente que me quiere. Un escritorio regalo de mis padres cuando cumplí 18 años, un pequeñísimo librero que me donó mi prima, el comedor regalo de un buen amigo, hasta la pared, que ayudó a vestirla de madera mi hermanito Cassandra.
Yo no sé cuánta historia traía ya El Sillón. Aquí lo recibí como si fuera nuevo y lo cuidé con todas las ganas de estar siempre a su lado. Fue en MI Sillón donde aprendí a quererme con el libro que me regaló Jugo de Melocotón, donde descubrí que una mano tenía el poder de quemar la mía y unos labios nuevos me hicieron sentir por vez primera y muy probablemente única, cuánto y hasta dónde era capaz de jugarme la vida con tal de amar y amar y amar. De seguir amando, a pesar de que él se fuera y El Sillón continuara junto a mí. Entonces, El Sillón me acompañó en las noches en que el llanto no era más agua salada, sino arena estéril que me laceraba sin un momento de piedad. Después El Sillón se convirtió en mi cómplice: sólo él y nadie más que él sabe cuántos secretos escondimos, cuántas reuniones gozamos, cuántas noches pasamos juntos... solos y acompañados.
Voy a cumplir treinta y un años el próximo jueves. Esta semana me avisaron que me regalaban una sala nueva. Una sala que no tiene pre-historia. Que no ha sido aprovechada, como la mía, antes y después de saberla aquí, en la que ya es su casa. Selene, Viridiana y yo nos sentimos un poco como tímidas: nos apena sentarnos en algo que no es, todavía, parte de la familia. Por eso lo recibimos arregladas, con la casa limpia y sin polvo, para que esta sala se sintiera a gusto en su lugar recién descubierto. ¿La sala pasada? Bueno, pues tuve que sacarla y esperar que se la lleven... Y que donde vaya, se lleve una historia para contarle a otros muebles: la de una familia extraña, compuesta por una mujer, una niña y una gata, que algunas veces se sienten desprotegidas y se acurrucan entre ellas para que no se cuele por ninguna parte de su alma el frío otoñal.
Sé que tenemos que dejar ir para que otras cosas vengan, nuevas o renovadas. Sé también, que este es un comienzo y que será genial recibir el próximo año nuevo, mi próximo año nuevo, vendrá lo que por derecho -y por izquierdo, me corresponden.
Feliz viaje, señor Sillón.

martes 18 de noviembre de 2008

De...samor...es




Duerme tranquilo
Alfonsina Storni


Dijiste la palabra que enamora
a mis oídos. Ya olvidaste. Bueno.
Duerme tranquilo.
Debe estar sereno y hermoso
el rostro tuyo a toda hora.

Cuando encanta la boca seductora
debe ser fresca, su decir ameno;
para tu oficio de amador no es bueno
el rostro ardido del que mucho llora.

Te reclaman destinos más gloriosos
que el de llevar, entre los negros pozos
de las ojeras, la mirada en duelo.

¡Cubre de bellas víctimas el suelo!
Más daño al mundo hizo la espada fatua
de algún bárbaro rey y tiene estatua.