lunes, 22 de septiembre de 2008

Dónde quedó el amor?


A saber: el amor propio puede ser un inconstante de nuestras vidas, que aceptable o no, vamos entendiendo que nos conocemos un poco más cada día, que quizá un día podamos apenas sobrellevarnos, entendernos, encantarnos o incluso habrá veces en que sí, realmente nos amemos a nosotros mismos. Que hay momentos en que mejor que el amor es valorar y sabernos.

Aunque todavía no sé explicar cómo saberme, pero sé que me sé.

¿Y del amor externo cómo andamos, Albanta?

Sentimos, vibramos, gozamos, creemos y muy a mi pesar, en frecuentes ocasiones también nos aterramos. Habrá quien diga que sólo nos da miedo lo que no conocemos, pero difiero de ellos. Creo que precisamente porque lo hemos vivido en carne viva, alma en coma y hasta con odio jarocho, sabemos a lo que le tiramos cuando estamos al punto de soltar esa frase angustiosamente necesaria que nos exige salir desde el fondo del hipotálamo, estómago, garganta y al fin labios: TE AMO.

Dice Antonio Gala (y hay que ver que Antonio Gala es un hombre sabio) que los respirables y de vez en cuando latentes sólo pueden ser amantes o amados. Debo confesar aquí que en general siempre he asumido de manera conciente, inconciente e incluso atrayente el papel de amante. Me parece más fácil: Si fuera amada no sabría lo que es morir sin morir, que es la forma más cruel de no morir.

Sí, quiero ser amante. Entregar porque no sabría qué hacer con lo que producen mis besos, mis abrazos, mis caricias y la mirada inequívoca de que ahí está otra vez, llamándome y confesándose que me esperaba para ser amado. Que tiene cuerpo y tiene voz. No lo sé del todo, una que otra vez he jugado a ser amada pero irremediablemente doy media vuelta y sigo con mi papel.

Hoy Albanta anocheció melancólica.

Hay dos rosas en mi escritorio. Una grande y altanera en color rojo que no desea terminar de florecer, la otra es rosa queriendo ser turquesa y en cambio, se abre hasta donde puede, aunque no tiene espacio para mostrar cuánto es en realidad lo que puede. A mí me parece que la primera es la amada, y sí, la segunda es la amante.

No quiero que me encierren en un plástico cuadrado y sin espacio para descapullarme (acabo de inventar una palabra). Quiero estar plantada en la tierra húmeda y salvaje para que crezca hasta donde me dé la gana. De esta manera, cuando mis pétalos se caigan, sabré con toda certeza que amé la noche y el día, la llovizna y las tormentas... Que puedo secarme tranquila porque ya supe lo que era un prado sin restricción. Porque algo tengo claro: jamás una rosa de invernadero.

Es que seguramente es el motivo principal por el que me gustan los girasoles. Apenas el viernes por la noche le encontré su sentido a las rosas, que como dice Aute: Es rosa por ella y no porque en ella respire una flor.

Una veintisiete de la madrugada. He fumado veinte cigarros contantes y no sonantes pero sí humeantes. Me enfrenté durante gran parte del día a mi transtorno bipolar, lavé trastes y tendí camas. Olí una ropa olvidada aunque no hacía falta: por más que pase el tiempo, siempre olerá al recuerdo todavía tangible.

No he olvidado. Ni a quien dejó partir al habitante de mi vientre, ni a quien me hizo sabor almendra, ni a quien me enseñó que las iglesias pueden ser lugares para admirar la ambición de los mortales. Tampoco a quien está.

Aunque de hecho, me pregunto si en realidad, ahora, aquí, yo estoy.


1 comentario:

Marfila dijo...

SOMOS LO QUE "ESTAMOS".... A VECES "LOGRAMOS" A VECES SOLO SOMOS ORNAMENTO.....
SER FLOR MULTI-COLOR IMPLICA TENER UNA GAMA DE PERFUMES PARA TODOS LOS OJOS.... AUNQUE SOLO GUSTEMOS A UNO QUE OTRO PAR.........

:o)

UN BESO! DE QUIEN TAMBIÉN TE LEE MUY DE VEZ EN DIARIO.....